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Hacía 6 ó 7 días que habíamos pasado la frontera Turco-Siria en Akçakale, donde nos dieron la sorpresa de no tramitar visados, haciéndonos ir a otro paso más importante, concretamente Kiliç. Nos quedaba un día de visado, así que en un principio íbamos con bastante desahogo. Habíamos pasado unos buenos días en la zona de Nemrut Dagi, queríamos hacer el trámite lo antes posible para continuar nuestro camino hacia Capadocia, las fronteras no suelen ser lugares muy ociosos. Ni nos pudimos imaginar el infierno que nos esperaba.
En el primer paso nos pidieron el Tríptico (el visado del coche, para entendernos), se lo dimos sin más, ya que no pensábamos salir del país. Entramos decididamente en el edificio, donde en un pequeño mostrador, tres policías se afanaban en tramitar el paso de camioneros algo nerviosos. Nosotros íbamos a tiro hecho, con los pasaportes en una mano y los 20 dólares de los visados en la otra. Cogieron los pasaportes y se pusieron a mirarlos, "España", decían, esbozando una media sonrisa y pasando las hojas del pasaporte sin mucho rigor, y en donde el policía pilló algo de espacio nos plantó el sello de la frontera. Les explicamos la situación, lo que nos habían dicho en la frontera de Akçakale y que queríamos un nuevo visado.
Uno de ellos nos miró y nos dijo "Suriye, Suriye", Silvia y yo nos miramos y nos quedamos blancos, ¿estaban intentando decir que teníamos que pasar a Siria?, con todo lo que eso conllevaba. Sin saber muy bien que decir ni hacer cogimos la furgoneta y fuímos hacia donde hacen filas los camiones y turismos para pasar la frontera. Un hombre que parecía controlar el asunto se acercó y, ¡¡HABLABA INGLÉS!! Le explicamos el problema y el hombre, haciéndonos un favor, nos acompañó donde la policía y les explicó que si entrábamos en Siria, tendríamos que pagar por los trámites del coche y demás unos 180 dólares. Tras ponerse a discutir entre ellos, el hombre nos dio la dura respuesta, teníamos que entrar en Siria. Éste fue el momento en el que Silvia se enfadó y dijo que no iba a ir a Siria, que nos dieran otra solución, que nosotros no teníamos la culpa del fallo que habían cometido en Akçakale, al no decirnos que teníamos que volver a entrar en Siria. Razón no la faltaba. Al preguntarle al hombre si había otra salida nos dijo que no, que ellos no podían poner un sello de salida del país sin el de entrada del otro, o viceversa, de tal modo que necesitábamos cuatro sellos, ¡¡UNA LOCURA!!
