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Los días que pasamos con Laura fueron muy tranquilos, excluyendo la nochevieja. Ella ya había visitado la ciudad con nosotros cuatro años atrás, por lo que no tuvimos ni que separarnos, ni que esperar grandes colas para visitar los monumentos de la ciudad. Frecuentamos una tetería de Divan Yolu Caddesi, junto a un pequeño cementerio, con sillones y sillas de madera tapizadas con Kilims y donde también servían narguiles, un lugar acogedor y cálido, que solía estar bastante animado.
Visitamos la Torre de Galata, que engalana al distrito de Beyoglü, en el lado oriental del puente de Galata. Era algo que teníamos pendiente. La enorme y ancha torre tiene un bar y un restaurante desde donde se divisa todo el Cuerno de Oro, pero también se puede ir simplemente a la terraza, en lo alto de la torre, la entrada cuesta 8 millones. Pese al frío y al viento, las vistas son absolutamente espectaculares. Desde arriba se puede disfrutar de gran parte del Cuerno de Oro, así como del barrio que rodea Galata, incluido el animado puente, el ajetreado Bósforo, donde no paran de pasar barcos de uno a otro lado, la parte moderna de la ciudad, más allá de Taksim, con enormes rascacielos. Es un lugar único para admirar la grandeza de esta ciudad, en todos sus aspectos, aunque la mejor opción es subir cuando no hay viento.
Más allá de la Torre, subiendo una estrecha y empinada calle repleta de tiendas de instrumentos de música, se llega a la peatonal Istiklal Caddesi, una de las calles más comerciales y animadas de Estambul, que transcurre desde Tünel hasta la inmensa plaza de Taksim, dividida en dos por las vías del tranvía, que no hemos visto en funcionamiento. Toda la calle esta jalonada de edificios neoclásicos que albergan desde consulados, como el de Grecia o el espectacular edificio de la embajada de Suecia, así como institutos de cultura, iglesias ortodoxas, librerías, tiendas de discos, ropa, galerías de cine o pequeños bazares cubiertos, un ambiente muy distinto al de la zona del Cuerno de Oro, menos desordenado, se podría decir. También hay cafeterías, que bien podrían estar en alguna calle de París, y donde la clase media-alta de la ciudad paga hasta 8 ó 10 veces más por un té, eso si, saboreando el estilo de una cafetería de principios de siglo XX. Es la zona donde sale la juventud los fines de semana. Y culminando la calle se encuentra la enorme plaza de Taksim, con la omnipresente estatua de Atatürk en el centro y una gran pantalla de televisión al aire libre, que proyecta diversos anuncios.

