![]() |
| |
Después de una larga jornada al volante llegamos a Selçuk, una pequeña población con la suerte de poseer a pocos kilómetros las ruinas de la ciudad de Éfeso, de las mejores conservadas del mundo. La ciudad está entregada a tal honor y tiene una oferta de alojamiento bastante considerable. En un primer momento pasamos de largo el pueblo, dominado por una enorme fortaleza en lo alto de una colina. Giramos en dirección hacia las ruinas por una carretera que se cogía a la derecha. Según íbamos avanzando dejábamos a la derecha un paseo de réplicas de columnas de gusto más que discutible.
Apenas a dos kilómetros estaba la desviación hacia el Templo de Artemisa, una de las 7 maravillas del mundo antiguo, que superaba en tamaño al Partenón de Atenas. Por desgracia, de las 127 columnas que poseía, sólo quedaba una en pie, así que no nos merecía la pena ir.
Continuamos por la carretera y en un momento pudimos ver de lejos el descomunal teatro de las ruinas, incrustado en la base de una colina. Era un poco tarde y estaba anocheciendo así que aceleramos un poco el paso para llegar a Pamucak antes de que anocheciera por completo, siempre es mejor aparcar de día. Habíamos leído que era una playa tranquila, a unos 15 Km de Éfeso. Nos colamos, o al menos eso nos pareció, en una urbanización de lujo junto a una playa. "Sutilmente", aparcamos la furgoneta y nos fuimos a dar un baño al mar, el agua estaba perfecta. Una vez relajados en la furgo vino un hombre a pedirnos muy educadamente que nos alejáramos de enfrente de su terraza, ya que le gustaba ver el mar por la noche. Movimos la furgoneta unos metros, sin saber si al vecino también le molestaríamos. No tuvimos más problemas, por lo menos con humanos.
Habíamos leído antes de venir que tanto Éfeso como sus alrededores tenían un verdadero problema con los mosquitos. Tomamos las medidas oportunas, pero no pudimos evitar la invasión nocturna. Perdí la cuenta en la octava víctima, a medida que uno caía, otro entraba, no sabíamos por donde se nos colaban. A las cuatro de la mañana me rendí, tapándome todo el cuerpo con la sábana.

