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Tras el descalabro económico que había supuesto la renovación del visado para Turquía nos dirigimos a Capadocia con ganas de relajarnos pasando unos días en el mismo lugar. En vez de ir por la autopista, como hace todo el mundo, decidimos adentrarnos por una carretera que se dirige a Kayseri por el este; el camino era más corto aunque las carreteras un poco peligrosas, pero el buen tiempo nos animo a continuar por allí.
Escogimos mal el camino ya que sufriríamos el segundo ataque del viaje, esta vez con pedradas que dañaron un poco la fachada de nuestro hogar. Pusimos la denuncia de rigor en el cuartel de la Jandarma más próximo al lugar de los hechos (aunque suponíamos que serviría de poco), aún así los oficiales se portaron muy bien con nosotros e incluso nos invitaron a comer y dormir en sus dependencias ese día.
Intentando olvidar el incidente nos fuimos directos a Capadocia. La carretera nos regaló hermosas vistas del Monte Erciyes de camino a Kayseri, ciudad en la que ni siquiera nos detuvimos. Ya anochecía cuando llegamos a Ürgüp, nuestra primera parada en la región. Pedimos permiso en un hotel para usar su aparcamiento, de nuevo la cortesía turca nos otorgó un sí rotundo y una invitación a té, lo agradecimos mucho, el frío era intenso.
Esta ciudad es bastante turística, pero en esta época del año sus calles estaban tranquilas, aunque no dejamos de cruzarnos algún japonés, ¡¡¡nunca fallan!!! Como ya era de noche dejamos la visita para el día siguiente y aprovechamos la tarde para comprar víveres y contestar a los emails atrasados en un mugriento cybercafé donde nos timaron con los tés (ponen un precio en los carteles, tú lo pides, y luego te dicen que era doble y te intentan cobrar el doble del importe; esto también nos ha ocurrido en Estambul, hay que especificar que lo quieres normal). Por la mañana recopilamos información sobre la región en la oficina de turismo del lugar, donde nos atendieron de forma eficaz dándonos un mapa y algunos folletos, e indicándonos los lugares de interés y los campings. Un breve paseo nos llevó hasta un mirador en lo alto del pueblo, desde donde se veían numerosas casas excavadas en las rocas. También vimos ejemplos de villas otomanas con sus puertas de madera enormes y sus balcones, algunas han sido convertidas en casas de huéspedes, parecen muy acogedoras.

