Bodrum es una ciudad costera de pequeño tamaño frente a la isla griega de Kos, es fámosa principalmente por dos mótivos. Primeramente por el imponente Castillo de San Pedro, que domina un pequeño cabo, dividiendo a la ciudad en dos bahías. El otro mótivo es que en este lugar se construyó una de las 7 maravillas del mundo antiguo, El Mausoleo de Halicarnaso.

Antes de llegar paramos a comer junto a la carretera, en un mirador, a unos 20 km de la ciudad. Había un golfo enorme que penetraba varios kilómetros, era un sitio ideal para dormir, y así lo hicimos por la noche. Llegamos a Bodrum poco antes de que el sol se pusiera, pero nos dió tiempo a ver el atardecer junto al castillo. Habíamos leido mucho y bien sobre la ciudad, pero nos decepcionó un poco en la primera impresión, había un tráfico denso y nos costó un poco aparcar. Cuando empezamos a andar vimos muchas tiendas de souvenirs, mucha gente por las calles, no nos esperabamos tanto turismo. Fuimos hacia una de las bahías, atravesando las callejuelas de la ciudad, atestadas de puestos y de agencias al aire libre que ofrecían excursiones variadas.

Llegamos a la playa de la bahía, había cafeterías muy bien puestas, con todo lujo de detalles, justo estaba atardeciendo, así que nos sentamos a ver la puesta de sol y la enorme silueta del castillo. También nos encontramos con una barco de vela varado, que parecía más bien que estuviese ahí puesto de un modo no natural.

A la mañana siguiente, antes de visitar el castillo, fuimos a dar un paseo por uno de los puertos, tomando un té junto a una mezquita blanca. Después nos pusimos a callejear, camino de los restos del Mausoleo. El panorama se volvió más tranquilo y agradable, las calles con casas bajas y encaladas, con sus terrazas emparradas, estaban casi vacias. Dimos un largo paseo pero no entramos en los restos, apenas quedaba nada en pie.

EL MAUSOLEO DE HALICARNASO (353 a.C).

Tras la invasión de los persas, el Reino Cario pasó a ser gobernado por el rey Sátrapa Mausolo, qué trasladó a este lugar la capital de su reino, llamándola Halicarnaso. Tras su muerte su mujer ordenó construir la tumba monumental, tal y como había previsto el Rey. El resultado fue un enorme sepulcro de marmol blanco coronado por una pirámide escalonada. Un Sátrapa era en Persia un representante de los poderes administrativos, judiciales y militares del rey.

 

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