![]() |
| |
Leíamos por todas partes que la ciudad de Iskenderum, antigua Alejandretta, no tenía ningún interés en la actualidad; pero no podíamos dejar de pasarnos por allí para comprobarlo. Indiana Jones es uno de nuestros ídolos, y habíamos visto recientemente La Última Cruzada, se lo debíamos. Dejamos atrás la ciudad de Adana, con sus dos millones de habitantes, una de las pocas zonas donde se han dado casos de malaria en Turquía. Y seguimos por una autopista que en menos de una hora nos llevó hasta allí. A lo lejos distinguimos el puerto con sus enormes grúas, un paisaje no demasiado bello. Entramos a la ciudad desde el norte y tras recorrer una buena parte en coche nos dimos cuenta de que todas las críticas son ciertas, poco que hacer por allí. Aún así aprovechamos la visita, compramos dos bidones de 19 litros de agua y llenamos el depósito con la ayuda de unos hombres muy amables.
Por donde sí sabíamos que merece la pena darse una vuelta es por Antakya, la antigua Antioquía, aunque sólo fuera para visitar su famoso Museo Arqueológico, el mejor del mundo en mosaicos de la época romana. Cuando llegamos allí estaba atardeciendo y había un tráfico infernal, sin saber muy bien cómo, y detrás de un todoterreno francés, salimos del barullo, y conseguimos aparcar en un tranquilo parque a escasos metros del centro. Teníamos en mente pasar una noche en un hotel antes de entrar en Siria, y parecía un buen lugar. En la calle principal encontramos un hotel, nos ofrecía una habitación doble con baño por 45 millones, desayuno incluido, nos parecía un poco caro para Turquía (27 euros), pero aceptamos, estábamos bastante cansados. Volvimos a la furgo para coger unas cosas, incluido el ordenador por si trabajábamos un poco o veíamos una película esa noche.
Como ya era de noche nos dimos un corto paseo por el centro, hacía bastante frío, contra pronóstico. Fuimos a un cybercafé a chequear el correo y ponernos al día de las noticias, y luego compramos algo para cenar y nos lo subimos a la habitación, lo único que queríamos era tumbarnos y descansar, necesitábamos fuerzas para el nuevo país. Ya visitaríamos la ciudad al día siguiente, teníamos tiempo de sobra, era viernes y no pensábamos cruzar a Siria hasta el domingo por la mañana.

