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Volvíamos a Maçka por segunda vez para intentar subir al monasterio de Sumela, ya que la vez anterior la carretera estaba cerrada por la nieve. Esa mañana se levantó soleada, quizá tendríamos suerte.
Durante el camino un esperpéntico restaurante llamó nuestra atención, estaba decorado de un modo surrealista, nos paramos a hacerle unas fotos, se lo merecía. A la entrada de Maçka había un monumento que no nos esperábamos encontrar ni por asomo, era un homenaje a la amistad Turco-Española, no teníamos ni idea de cual era el motivo por el cual se podía haber erigido aquíi este monumento aunque más tarde nos disiparían todas las dudas, fue en las montañas cercanas a Maçka donde se estrelló el Yukolev español, muriendo más de 40 militares que venían de Afganistán.
La policía nos dijo que la carretera estaba cerrada, "çok kars" nos decían, que significa mucha nieve, decidimos que le daríamos un día más, nuestra batería flojeaba de los pocos kilómetros que estábamos haciendo últimamente. Dormimos en una gasolinera a un kilómetro del pueblo. Esa tarde paseamos y aprovechamos para llamar a nuestros padres. Cuando acabamos de cenar la bateria se vació, nos asustamos bastante, era la primera vez que nos pasaba algo así, quedarnos sin batería suponía quedarse sin luz, sin bomba de agua y sin calefacción. Apagamos la luz inmediatamente y nos fuímos a pasar la noche en el restaurante de la gasolinera donde, claro esta, eramos la atracción. Fue una noche curiosa, amenizada por dos policias que no nos paraban de preguntar cosas, viendo un culebrón a la turca y al calor de la soupa, estuvimos con ellos hasta las 12 de la noche.
Al levantarnos nos fuímos enseguida, no sin antes despedirnos, volvimos a Maçka y un policía nos dijo que era imposible llegar, definitivamente, dejamos el Monasterio para otra ocasión, teníamos que hacer kilómetros y cargar la batería.
Y vaya si hicimos kilómetros, alrededor de 300, la mayoría de ellos entre puertos de montaña, pero tuvimos mucha suerte, de los tres horribles puertos por los que pasamos, uno de ellos a 2400 metros, no tuvimos que poner cadenas en ninguno de ellos, aunque todo el mundo nos decía que teníamos que ponerlas. Llegamos a Akçale bastante cansados, ya estabamos de vuelta en la Anatolia y se notaba en el termómetro, aparcamos en una gasolinera y pusimos la calefacción, no arrancaba, una faena gordísima, pensamos que era por la batería, que nos la habíamos cargado de tanto uso y tan poca recarga.

