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Esa noche el termómetro descendió hasta -7ºC, menos mal que en la furgo no pasamos frío.
Nuestra primera visita de la mañana sería la fortaleza, a la cual se accede por detrás de las bellas casas otomanas. Éramos los únicos visitantes y el guardia nos recibió muy contento, me imagino que serían los primeros cuatro millones que ingresaban desde hacía días. Anduvimos por el lugar jugándonos la vida con el hielo, la nieve y las alturas, las vistas de la ciudad desde allí arriba eran excelentes. Las tumbas pónticas aunque muy sencillas bien merecían nuestra visita, visitamos cuatro o cinco de ellas, sólo eran moles de piedra esculpidos en la roca de la montaña, sin ninguna ornamentación o contenido, nos recordaron a las tumbas licias de Kaunos.
Aunque con la subida habíamos entrado en calor decidimos tomar un té en uno de los múltiples cafés que dan al río, nos decidimos por uno que resultó ser más un restaurante que una cafetería, nos atendieron como a marqueses y luego no nos cobraron nada por la consumición, estos turcos no dejaban de sorprendernos.
Con mucha calma cruzamos el río por el único puente peatonal y tomamos rumbo norte, hacia la furgo, a la altura de la gran mezquita nos desviamos para verla, no entramos en su interior porque era la hora de culto. Seguimos por el bulevar Atatürk y nos perdimos por los bazares y talleres de artesanos, nunca nos cansamos de estas imágenes. Y así, deambulando por las calles, nos encontramos con el minarete en espiral de la mezquita Burnali Minare, del siglo XIII.
Pensando cada uno en sus cosas llegamos a casa, seguramente los dos le dábamos vueltas a la operación Ankara, de la que dependía la obtención de varios visados, y en el problema añadido con la ola de frío que anunciaba para los siguientes días temperaturas inferiores a -15ºC en la capital.



Fecha: 11 de Febrero de 2006
Lugar: Trabzon (Turquía)