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Por la noche nos sorprendió una tormenta tremenda así que movimos la furgoneta unos metros, hasta salir de la zona de hierba. Aún recuerdo el encallamiento que sufrimos en Cantabria el año pasado, que nos obligó a llamar a una grúa.
Por la mañana, con la furgoneta bien limpia, aprovechamos para hacer una pequeña colada en la fuente. De camino a Iznik pasamos por humildes pueblos y la gente, sobre todo los niños, nos saludaban y nos gritaban "hello". Me dio la impresión de que era el papa saludando desde el papamóvil. Después de un repecho divisamos el Lago Iznik (Iznik Gölü), bastante respetable en tamaño. Algunos pueblos se divisaban en su orilla.
Iznik es una pequeña población a orillas del lago, está semirrodeada por los restos de una muralla bizantina. Tiene un glorioso pasado, gracias a sus azulejos, aunque las tiendas que vimos parecían ya más enfocadas al turismo. Vimos algunos turistas, aunque más bien pocos, así que empezábamos a ser el "show". Al final te acabas acostumbrando, aunque al principio resulta un poco intimidatorio el hecho de ser el centro de la atención. Recorriendo una de las calles principales, dimos con la antigua iglesia de Aya Sofía, que nos defraudó un poco, primero por el mal estado de conservación y luego por el precio, 6 millones (3,60 €), que nos pareció un abuso, dado que casi todo lo visible se podía ver sin entrar. Continuamos paseando, siendo el entretenimiento para unos niños de un colegio. Algunos de ellos jugaban en una callejuela al fútbol, una buena foto pensé, aunque cuando fuí a hacérsela sonó el timbre del fin del recreo.
Pronto llegamos al extremo de la ciudad, donde vimos un gran trecho de la muralla bizantina, junto a una de las antiguas puertas de entrada a la misma.

