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Fue un período prospero para el oficio de calígrafo. Cada califa tenía su calígrafo oficial, hombre de confianza en cuyas manos solía dejar incluso el gobierno de su casa. Uno de ellos, Ibn Muqla (nacido en 886), llegó a ser visir.
Fue él quien, entendiendo que el estilo cúfico era muy compacto para una época tan refinada, inventó un estilo más redondeado, el nasjí, al que dio un trazo geométrico para que fuera digno de transcribir el Corán.
Las reformas de Ibn Muqla no fueron adoptadas por el Occidente musulmán. De Egipto a Andalucía, los calígrafos magrebíes se negaron a abandonar el estilo cúfico.
Más tarde aparecerán dos grandes escuelas de caligrafía: la de Ibn al-Bawwab (siglo XI), que perfeccionó los métodos de Ibn Muqla, y la de Al-Mustasimi (siglo XIII), que mejoró el cálamo cortando oblicuamente su punta, lo que permitió trazar perfiles más finos.
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