Nuestra segunda etapa en Siria comenzaría en Damasco, queríamos volver al menos un par de días, y luego regresaríamos a Turquía tras visitar Ma'alula, Hama, Palmira y el Eufrates.

Ma'alula se encuentra a unos cuarenta kilómetros al norte de Damasco, está bien indicado el desvío en la autopista y luego sólo hay que recorrer unos siete kilómetros hasta llegar al pueblo. Fuimos a visitarlo porque es uno de los tres únicos pueblos donde el idioma utilizado es el arameo, dialecto del que se hablaba en tiempos de Jesucristo. Hay varios lugares en el mundo donde la liturgia se realiza en este lenguaje, pero sólo aquí se utiliza en el día a día.

Hay varios conventos y monasterios, nosotros nos acercamos al que está en lo alto del pueblo: el Monasterio de San Sergio y San Baco. El parroco es muy amable y habla un poco de todos los idiomas, nos invitó a visitar la capilla; una chica del pueblo da unas explicaciones en inglés y luego reza un Padre Nuestro en arameo. Cuando terminó le preguntamos sobre el lenguaje usado en la película de Mel Gibson, y nos comentó que no era el mismo que ellos hablaban, que ella había entendido algunas cosas, pero que era arameo siriaco, no el arameo de principios de nuestra era. A mí me sonó igual, pero claro, yo no entiendo nada sobre el tema.

El parroco nos dijo que podíamos dormir allí mismo, que en verano muchas caravanas lo hacen. Y nos mostró una fuente que habían construido fuera del recinto donde el agua manaba de un manantial, podríamos llenar el depósito y la garrafa de diez litros allí mismo. En la entrada hay un restaurante con un mirador desde el que observar el pueblo y donde hacen unas minipizzas deliciosas por tan sólo 25 LS (40 céntimos de euro). Allí dormimos y por la mañana desayunamos en el restaurante, era una auténtico lujo, hecho en piedra y madera, muy acogedor.

Nos fuimos directos a Hama, la ciudad de las norias, una de las visitas que habíamos dejado pendientes en la primera etapa. No nos costó mucho encontrar el centro y pudimos aparcar allí mismo, a cincuenta metros de la primera noria. El día estaba un poco gris, pero no llovía. Recorrimos la orilla derecha del río dando un paseo, las norias quedaban en la otra orilla, eran enormes. Nos dio un poco de pena que ya no se utilizaran.

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