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Esta vez fuimos los dos juntos hasta las ventanillas donde se hacían los trámites. Les digimos claramente que no teníamos más dinero, sólo la tarjeta de crédito (excusa que deberíamos haber usado antes), entonces comenzaron a decir que no podía ser, que los chicos que nos 'ayudaban' necesitaban otros 20 dolares, no salíamos de nuestro asombro. Fuimos muy tajantes, además no les habríamos dado ni dos euros por su 'ayuda', son unos caras que no hacen nada de nada, pero se creen que te pueden sacar lo que quieran. Viendo que no iban a obtener nada de dinero nos hicieron acompañarles hasta el restaurante, allí se encontraba el alto mando del lugar en pleno banquete de ramadán, cogió un papel, tachó un par de cosas y apuntó algo en árabe, luego firmó el papel. De nuevo corrimos a las ventanillas, yo me di cuenta de que había un mostrador donde dan ayuda en inglés para los extranjeros, pero en pleno ramadán allí no había nadie, por supuesto. De nuevo a discutir sobre el dinero, el alto mando había cambiado la cifra a 180 dolares para que quedaran 20 para los intermediarios, ¡¡¡una auténtica mafia!!!, si son 200 son 200, no son 180 para que todo el mundo se lleve el gato al agua. Era tarde para echarse atrás, ya habíamos enseñado los 200 dolares, pero nos dieron ganas de mandarles muy lejos. Entonces en una ventanilla nos dicen que no ven la firma del alto mando, de nuevo al comedor a molestarle, ya iba por el quinto plato; como en la primera visita nos invitaron a comer, dijimos que no, sólo queríamos perder de vista ese lugar. Con un dedo indicó el lugar de su segunda firma. De vuelta a la ventanilla, esta vez aceptaron los papeles. Nos dieron el papel del seguro y otros tres o cuatro más y nos acompañaron hasta la barrera. Y entonces va uno de los chavales y nos pide más dinero; ¡¡¡CÓMO!!! ¿Este tío está de coña?- Digo yo, - Pero si ya te he dicho que no tenemos más, ya tenéis los 20 dolares que queríais- le dijo Rafa. El tipo siguió colgado de la ventanilla insistiendo hasta que dejamos la frontera.

Para la próxima vez no hablamos con nadie y vamos solos los dos a las ventanillas, estos merodeadores de las fronteras son unos cazarecompensas que pretenden sacarse en un día el sueldo de un mes de cualquier honrado trabajador de su país.
Ya está, por fin lo conseguimos, pero... un kilómetro depués una alambrada nos impide el paso: como nos pidan dinero van listos-pensamos los dos-. Muy serios, pero muy correctos, nos dejaron pasar.
En la primera zona de restaurantes de carretera aparcamos la furgoneta para descansar y pasar la noche, estábamos exhaustos con tanta discusión.