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Wadi Rum es uno de los lugares que más ganas teníamos de visitar en Jordania, habíamos oído y leído maravillas acerca de él y no es para menos. Es una cita ineludible en la visita al país, y se encuentra a apenas cincuenta kilómetros de Aqaba y a otros setenta de Petra, otros dos lugares claves.
Nosotros nos acercamos desde Aqaba, donde habíamos pasado unos días muy tranquilos buceando y descansando en la playa. Desde la autopista que une Aqaba con Amman hasta el Centro de Visitantes hay unos veinte kilómetros, en los cuales ya se va uno haciendo a la idea de lo que le espera.
No teníamos una idea clara de lo que íbamos hacer al llegar por lo que decidimos informarnos bien en dicho Centro de Visitantes antes de tomar ninguna decisión. Al llegar aparcamos la furgoneta y nos hicieron pagar la entrada: 2 JD por persona y 5 JD por el vehículo. Pregunté por la duración de la entrada y me comentaron que la personal es por tiempo indefinido, pero que para el vehículo necesitaríamos una por día, pero que si no dormíamos en ella no tendríamos porque pagar más. No teníamos muy claro cómo podían saber si dormíamos o no, pero ya sabíamos qué decir si nos pedían más dinero.
Allí mismo nos informamos de las posibilidades que había y comprobamos que es todo un negocio muy bien montado. Hay una tabla de precios que incluye: rutas en camello (7JD en adelante), rutas en todo terreno (50 JD/día y per), noche en campo de beduinos (25 JD/persona sin transporte, es decir mínimo 50 JD/persona), trekking con guía (40-50 JD/día). No queríamos gastar mucho dinero y nos apetecía andar, así que pensamos en realizar rutas andando y quizás dormir en un campamento beduino, bajo una jaima, para vivir la experiencia, lo decidiríamos en el pueblo al día siguiente. En el folleto venían marcadas varias rutas para hacer andando y estaban indicados todos los puntos de interés, con el GPS y nuestra buena orientación no tendríamos ningún problema para movernos.
Emprendimos los pocos kilómetros que nos separaban del pueblo Rum Village. Nada más arrancar, a nuestra izquierda, se elevaba una montaña conocida como los Siete Pilares de la Sabiduría, muy hermosa con la luz del atardecer.

