Una de las citas más esperadas en Jordania estaba en las aguas del Mar Rojo, sabíamos que aunque fuera invierno podríamos calzarnos las aletas e ir en busca de la fauna y la flora marina más espectacular del mundo.

Llegamos a la ciudad de Aqaba más tarde de los previsto debido al desvío que cogimos hacia Wadi Rum para acercar a Kelli y su amigo marroquí. Unos quince o veinte kilómetros antes de llegar a la ciudad se pasa un control de mercancías debido a que la región de Aqaba es de libre comercio. Ni siquiera nos abrieron la furgoneta para ver su contenido, sólo tuvimos que mostrar los pasaportes.

La ciudad es muy moderna en relación a otras poblaciones y no nos costó nada encontrar un comercio donde comprar productos atípicos para este país: chuletas de cerdo, beicon, un equivalente a la nocilla y todo tipo de productos elaborados. Esa noche cenaríamos unos espaguetis carbonara, hacía meses que no veíamos una simple loncha de beicon.

Después de la parada técnica nos dirigimos hacia las playas del sur y a unos catorce kilómetros nos desviamos hacia lo que parecía un aparcamiento. Había un chiringuito a la entrada que vendía refrescos y bolsas de patatas fritas, el encargado nos dijo que entráramos, que podíamos dormir allí sin problemas. Cuando ya estábamos aparcados vino un hombre y nos indicó que le siguiéramos, que era mejor que aparcásemos en otra zona. Nos abrió una barrera y entramos en el paraíso, las duchas y los baños a cien metros, y varias tomas eléctricas. Le preguntamos a Ibrahim, así se llamaba el hombre, que cuánto costaba el servicio y nos dijo que nada, que luego le diéramos la voluntad. Y allí nos plantamos con la idea de pasar tres o cuatro días de la furgo al agua y del agua a la furgo. A las dos o tres horas llegó un todoterreno alemán que aparcó a diez metros de nosotros y se quedó tres días allí. También pasó fugazmente un camión enorme, de esos que hacen expediciones por África y Asia.

Al día siguiente nos enteramos de los atentados de Amman gracias a los alemanes que tenían una radio de onda larga; se atribuyó al grupo terrorista Az-Zarqawi (facción de Al-Qaeda cuyo nombre proviene de Az-Zarqa, una ciudad muy cercana a Amman). Esos días estuvimos preguntando a la gente sobre lo ocurrido, nos acordamos del atentado de Madrid, la gente estaba igual de indignada que nosotros hace casi dos años.

La primera mañana se acercó un chico a hablar con nosotros, nos invitaba a ir a bucear (snorkel) con él, nos enseñaría los mejores lugares de la zona por el módico precio de 5 JD. Hacía bastante viento y Rafa no se animaba así que me fuí con él, con Mohamed, después de cerciorarme de que luego llevaría a Rafa a bucear también.

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Nota: las fotografías submarinas que se muestran en esta crónica no son nuestras, las hemos descargado de internet.
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