![]() |
| |
La noche que regresamos de Jerusalén decidimos dormir en el mismo aparcamiento donde dormimos la primera noche en el Mar Muerto. Esta vez no había tantas moscas, ya no hacía el mismo calor. Previamente paramos en un pueblo cercano a la frontera para hacer unas compras, teníamos la nevera vacía. Aquella noche, como la primera vez, se acercó un coche de la policía, intercambiamos algunas frases y se fueron.
Por la mañana tocó la pesadilla, desde la cama oíamos lo que parecían ser cientos de niños gritando alrededor del vehículo, ya era hora de levantarse, pero aquello era peor que un despertador. En realidad sólo eran dos autobuses de un colegio de Amman, estaban de excursión por la zona. Los maestros y/o cuidadores se acercaron a hablar con nosotros, todos muy curiosos.
Nos fuímos hacia Amman, no pensábamos dedicarle más de un día, nos apetecía darnos un paseo por los bazares y comer en algún restaurante del centro para ver el ambiente. Aparcamos el coche en una de las colinas cercanas al centro y descendimos una calle hasta una zona de hoteles y tiendas, parecía una arteria principal. Hacía tiempo que necesitábamos comprar un cinturón (los vaqueros que me compré el invierno pasado se me caen y siempre le estoy mangando el cinturón a Rafa), así que nos paramos en un puesto a mirar, estaban a mitad de precio que en Jerusalén. También me compré un gorro de lana forrado por dentro; ahora, en Turquía, lo llevo puesto todo el día.
Y así desembocamos frente a una enorme mezquita. Fue entonces cuando se nos presentó un hombre, de nuevo de origen palestino, como en Aqaba; yo estaba un poco mosqueada porque los tres se me parecían mucho, parecían hermanos o primos. Éste era un poco pesado y se empeñó en llevarnos a todas partes, pero no como guía. Y estuvimos con él al menos una hora y media caminando por los bazares, Rafa conversaba con él mientras yo curioseaba todas las tiendas (los bazares de Oriente Medio son un mundo aparte, puedes encontrar de todo). Nos quería llevar a comer a un restaurante, según él más limpio que los del centro, y más caro; no estábamos convencidos y veíamos restaurantes por todas partes llenos de gente del lugar. Amablemente le dijimos que preferíamos uno un poco más auténtico.

