Tras nuestra estancia en la provincia de Semnan nos dirigimos hacia Teherán pero el cansancio nos hizo deteternos de noche junto al parking de un cochambroso hotel cuando nos quedaban 70 kilómetros para llegar a la capital.

Teherán es una inmensa ciudad unida a otras poblaciones en una conurbación que se extiende durante kilómetros y kilómetros, como cualquier otra macro urbe del planeta es muy difícil de determinar la población que tiene, que podría andar entre los 10 y los 18 millones de habitantes.

Nosotros entramos en la ciudad con la intención de aparcar alejados del centro y coger un taxi que nos llevara al museo nacional, pero como un servidor es muy osado intenté llegar hasta el propio museo, pero a medida que nos íbamos acercando desistimos, vencidos por el caos que nos rodeaba, decenas de motos pasando a 1 centímetro de la furgoneta, semáforos inexistentes en los cruces, por los que pasan desde peatones jugándose el tipo, hasta otras personas portando enormes carros repletos de mercancías, esquivando a los demás coches, todo culminado con un ruido ensordecedor. Salí como pude y aparqué no sé muy bien donde, en cuanto bajamos de la furgoneta no tuvimos ni que buscar un taxi, enseguida un hombre nos llamó desde su coche, diciendo que era un taxi, en realidad no tenía ninguna señal que así lo indicase, pero ya habíamos leído que mucha gente trabaja con su coche particular llevando a gente de un lado para otro. El taxista resultó un chaval agradable, que hablaba bastante aceptablemente inglés, así que tuvimos una amena conversación durante el largo trayecto que hicimos antes de llegar al museo, nuestro fallo fue el no haber pactado de antemano el precio, pero al final quería incluso no cobrarnos, le dimos 4000 tomanes, unos 4 dolares al cambio.

Nada más entrar al museo conocimos a una azafata colombiana que vivía en Roma, con la que charlamos un buen rato. El museo esta dividido en dos grandes edificios, uno dedicado a la época anterior al Islam y el otro desde el Islam en adelante. Disfrutamos sobre todo en la primera parte, en especial con todos los restos provenientes de Persépolis, así como con la visita colegial de un grupo de 40 niñas, todas recatadamente vestidas, un espectáculo. Como ocurre en todos los museos la última parte, el edificio del Islam, nos pilló ya cansados y no le prestamos mucha atención.

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