Nuestra primera intención era visita Shiraz un par de días para luego pasar el Now Rooz en Persépolis, pero de nuevo se cumplió una de nuestras máximas en Irán, "cada día una sorpresa". Unos 20 km antes de llegar a la ciudad un Peugeot pasó delante nuestro y nos saludó, saludo que fue correspondido, en realidad era algo normal durante toda nuestra estancia en Irán, la sorpresa vino cuando a los diez minutos el mismo coche nos adelantó de nuevo y nos hizo señales para que parásemos, aparcándo en el arcén. Del coche salió un hombre con una sonrisa de oreja a oreja, nos ofreció insistentemente que fuéramos a su casa, sin presentarse siquiera, sin pensarlo mucho aceptamos. De camino a su casa, en un pueblo a unos kilómetros al norte de Shiraz, nos preguntó si aceptábamos todas las invitaciones de desconocidos, pregunta que nos mosqueó un poco y a la que respondimos que sí, el comentó que no teníamos que ser tan confiados, no le faltaba algo de razón. Esa noche volveríamos a ser la convulsión social del pueblo, aunque sólo nos hablaba nuestro impetuoso anfitrión, que era profesor de inglés, un tanto pedante y resabido ya que nos corregía todos nuestros errores en pronunciación, pero como le dijimos, "en España se habla español", no inglés, el resto de las personas reunidas en la casa no hablaba con nosotros y se limitaba a mirarnos.

A la mañana siguiente Ruallah, que era el nombre de nuestro anfitrión, nos acompañó a la comisaría de policia para realizar los trámites de extesión de visado, conocía a un hombre que trabajaba allí así que no fue muy complicado, sólo un policía preguntó a Silvia por que no tenía una foto con el pelo cubierto, que era obligado, pero estaba medio bromeando, o al menos eso nos pareció. Por 20 dólares obtuvimos 3 semanas de extensión, aunque podíamos haber pedido hasta un mes. Después de nuestro exito y con nuestra reluciente extensión en el bolsillo fuímos a casa de Ruallah, en las afueras de Shiraz y comimos algo, tras una charla y una rejuvenecedora siesta vistamos dos de los lugares más emblemáticos de Shiraz, los mausoleos de dos escritores, Hafez y Sa´di, ambos en unos agradables jardines y con bonitas teterías.

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