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Nos hallábamos frente a la mezquita más antigua de Irán y por lo tanto una de las más antiguas del mundo, aunque muy deteriorada se pueden observar numerosas arcadas y bóvedas e intuir cómo hubo de ser en el pasado. Pagamos la entrada de 300 tomanes cada uno y penetramos en el patio, todo lo que se veía estaba construido en adobe, como gran parte de la población, el lugar es formidable y estábamos de nuevo solos durante la visita. A la mezquita se le asocia un minarete de ?? metros erigido con ladrillos cocidos, aunque se ve desde el patio no se encuentra en él sino en otro patio contiguo.
Al salir del lugar preguntamos al soldado que acompañaba al taquillero por el paradero de la torre Pir-e Alamdar, él mismo nos acompañó hasta allí y nos abrió las puertas. El interior es austero pero el exterior es muy bello, todo en ladrillos cocidos y adornado con caligrafía cúfica en lo alto. Regresamos al inicio para dejar al soldadito en su lugar de trabajo y aparcamos cerca de la Masjed-e Juma o Mezquita del Viernes.

La mezquita se encontraba cerrada, decidimos dar un paseo por el lugar y visitar otro monumento, el Imamzadeh Ja'far (la denominación Imamzade hace referencia al mausoleo de un familiar directo de algún imán, por ejemplo en Qazvin visitamos el de un hijo del cuarto imán, Hussein, nieto de Mahoma). Nos orientamos gracias a la céntrica plaza con cuatro estatuas de leopardos dorados y en menos de cinco minutos encontramos el lugar, es un recinto vallado con varios edificios, todos construidos con adobe o ladrillos cocidos, los dos más grandes son los mausoleos de Ja'far y la torre pertenece de Cheheldoghtaran.
De regreso pasamos por una parte del bazar cubierto para volver a la calle principal en busca de los famosos pistachos del lugar, dicen que los mejores del país y por lo tanto del mundo; también compramos unas delicias en una pastelería para agradecer la hospitalidad a nuestros amigos del servicio de emergencias. Fue en este trayecto que unas chicas de unos dieciséis años se quedaron prendadas con nosotros, nos fueron siguiendo por toda la calle y llegaron hasta donde estábamos aparcados, una vez allí rompieron su timidez y nos pidieron hacerse una fotografía con nosotros, estaban emocionadas, ni que fuésemos unos actores famosos o algo así. Mientras nos fotografiábamos con las adolescentes un chico de una tienda cercana se acercó a saludar y nos comentó que podíamos visitar la mezquita, que en esos momentos estaba abierta, quiso acompañarnos. Cuando sólo llevábamos veinte metros un coche de policía se paró junto a nosotros y el que parecía el jefe solicitó ver los pasaportes, como estábamos a punto de irnos del lugar habíamos dejado la mochila con la documentación en el vehículo y Rafa tuvo que acercarse a por ella. Los ojearon un rato y apuntaron los datos en una hoja en sucio, nos hicieron unas cuantas preguntas y nos dejaron ir, a Rafa no le hizo mucha gracia pero yo me lo tomé a risa, me dio la impresión de que se aburren tanto en este país que ver unos pasaportes extranjeros es un entretenimiento para ellos. En Irán no hay prácticamente delincuencia, es uno de los países más seguros del mundo, así que la policía se dedica a controlar el tráfico en algunos puntos negros y en mediar en los miles de accidentes de tráfico que ocurren a diario.