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Íbamos camino del Mar Caspio por la carretera que unía Ardabil con Astara, en la frontera con la república de Azerbaiyan. Al pasar un túnel de montaña se abrió un gran valle desde donde se divisaba el Mar-Lago. A medida que bajábamos por la carretera veíamos algunos aparcamientos llenos de gente que comían o incluso tenían plantada la tienda de campaña, nosotros también paramos a comer algo y a disfrutar de las vistas.
Al llegar a las orillas del Mar Caspio el paisaje cambio radicalmente, de las altas montañas de Azebariyan pasamos a los extensos arrozales, una calima intensa lo cubría todo y el aire era caliente, muy pesado. La verdad sea dicha, no había unas vistas muy bonitas, el mar ni siquiera lo veíamos y los pueblos que pasábamos no eran precisamente atractivos, casas destartaladas y mucha basura a ambos lados de la carretera. Estuvimos conduciendo durante un par de horas sin que variase mucho el ambiente hasta que llegamos a Bandar -e- Anzali, una de las ciudades más importantes del Mar Caspio, estaba un tanto desolado todo, aparcamos en un hotel y pedimos permiso para dormir. A la mañana siguiente por fin pudimos ver el Mar Caspio que bueno, no tiene nada de especial, por lo menos en esa zona.
Nos dirigimos hacia Rasht, con el único interés de comprar Caviar en alguna pescadería, pero el caótico tráfico nos hizo desistir. La salida de Rasht fue como jugar a una maquinita de coches, en Irán conducir es sinónimo de jugarse la vida, nunca se sabe que pueden hacer los conductores, te pueden adelantar por la derecha, por la izquierda, son unos kamikazes, después el camino se tranquilizó un poco y entramos en unos valles amplísimos en donde había tierras de cultivo y muchos, muchos olivos salvajes, de hecho dejábamos multitud de tiendas que vendían aceitunas o aceite, paramos en uno de ellos y compramos un kilo de aceitunas y una exquisita pasta dulce hecha también de aceitunas. Estábamos en la región donde se rodó A traves de los olivos.
Paramos en un restaurante de carretera y llegamos a Qazvin al atardecer, aparcamos y dimos un pequeño paseo, en un principio pensábamos dormir en ese mismo sitio, ni nos podíamos imaginar la surrealista noche que nos esperaba.

