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Los dos días siguientes fueron muy ajetreados, esa mañana fuimos a unos baños de aguas sulfurosas, procedentes de las desiertas montañas cercanas, uno de esos lugares que ningún turista hubiera encontrado en la vida, el paisaje era lunar y nos recordó a Capadocia, aunque muchísimo más árido. Mi experiencia en los baños fue agradable, no tanto la de Silvia, que me explicó a la salida la poca higiene de las mujeres, que estaban continuamente escupiendo en la piscina, lo que no daba un ambiente muy saludable al lugar. Yo me di un buen baño aunque no se aguanta mucho en estas piscinas, son muy sanas, para músculos y huesos, pero al estar a tan elevada temperatura no se soporta mucho tiempo dentro, además existe una sensación de opresión en el pecho, como si el agua tuviera más peso, que resulta agradable sólo un rato. Desde luego volvimos relajados y comimos con apetito en casa de Mehdi, fuera en la calle era totalmente imposible estar, el calor era sofocante.
Por la tarde visitamos un museo, donde se conmemoraba la expulsión de un barco inglés a principios de siglo, de nuevo había un memorial de víctimas y algunos ejemplares disecados de la fauna marina del golfo, entre ellos el extraño Pez Gato, similar en forma a un tiburón, pero menos estilizado, con el cuerpo más gordo. Por la noche volvió el turno para la vida social, esta vez fuímos a una enorme casa, a nosotros nos pareció una casa de ricos, nos agasajaron con frutas y frutos secos, también vimos algunos libros de la zona y finalmente nos hicieron un regalo muy especial, una manta y un corán comprados directamente en Meca, objetos fetiche, tuvimos que hacer la promesa al padre de Mehdi para ir al día siguiente a su casa.
A la mañana siguiente hicimos una especial petición a Mehdi, que se la tomó con la mayor naturalidad, como todo lo que hacia o decía, verdaderamente era un tio excepcional. Silvia tenía muchas ganas de darse un buen chapuzón en la playa, cosa que en Irán suponía un problema, a no ser que se diera el baño totalmente cubierta, cosa que no le apetecía en absoluto, así que Mehdi nos buscó una playa solitaria donde Silvia pudiera bañarse sin problemas, simplemente con el bañador, eso si, Shapur, se alejó prudentemente para no ver a Silvia en paños menores.
