Nuestro paso por la ciudad costera de Bandar-e-Busherh, que sería nuestro primer contacto con el golfo pérsico, fue anecdótico, los iraníes, al igual que muchos occidentales, tienen poco saludable costumbre de masificarse en época de vacaciones y eso es lo que encontramos en esta calurosa ciudad, cientos de familias aglomeradas junto a una línea de playa inexistente, con las tiendas de campaña apoyadas en el asfalto. Paramos unos minutos para sentarnos junto al mar, hacía muchísimo calor, observamos que había algo flotando y aunque en principio no dábamos crédito a lo que veíamos, fijando más nuestra atención nuestras sospechas se convirtieron en realidades, junto a la orilla flotaban decenas de excrementos, con un tamaño sospechosamente similar a los de la raza humana, no salíamos de nuestro asombro y a los pocos minutos de sacar nuestra conclusiones dejamos la ciudad y cogimos una comarcal que discurría paralela al mar, con la esperanza de descubrir alguna playa tranquila y solitaria.

Al rato de conducir decidimos coger un camino de tierra y llegamos a una bonita playa junto a la desembocadura de un río, aunque nuestra soledad duró muy poco y empezaron a venir coches y motocicletas y fuimos de nuevo el centro de la atención aunque yo me eché la siesta, sin hacerles mucho caso. Al levantarme vi a Silvia rodeado de hombres junto a la playa, estaban asando unos pescados que habían cogido en ese mismo momento con una larga red, estaban sabrosos. Luego me tocó dar mi primera clase práctica de pesca con Mehdi, que sería un maravilloso anfitrión, así que cogimos la red y nos metimos en el agua, que era una sopita de lo caliente que estaba, fue divertido y la verdad es que cogimos bastantes peces, también sería la primera ocasión en la que cogería con mis manos un pez vivito y coleando.

Nos quedamos allí hasta que se hizo de noche y después fuimos invitados a la casa de Mehdi, donde conocimos a su enano Ilia y a su mujer, bastante seca y sosa, vivían en una casa modesta, con un patio y un salón, más dos pequeñas habitaciones, empezó a venir gente, entre ellos Shapur, un chaval joven que hablaba inglés, lo que facilitó bastante la comunicación, que se alargó hasta bien entrada la noche.

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