Cuando nos despertamos ya se habían ido camino de Bandar-e Abbas donde entregarían su mercancía y esperarían a que les llenaran la caja con productos recién llegados de Dubai.

Ese día le toco el turno a nuestros otros amigos, nos invitaron a té y estuvimos charlando un buen rato con ellos, Mojtaba tenía un sitar y nos mostró su talento con el instrumento. Cuando ya estábamos pensando en irnos insistieron en que nos quedásemos a comer, aceptamos gustosos y fue una excelente idea, el pollo guisado con patatas estaba delicioso. La sobremesa se alargaba y poco a poco la pereza se apoderó de nosotros, más aún cuando Rafa se enteró de que esa misma noche televisaban el Madrid-Barça y podría verlo con ellos. No hubo más que hablar, allí nos quedamos, a pasar la tarde, a cenar y a dormir. El partido fue soporífero y acabó más tarde de la una hora local, yo casi me arrepentí de no haberme acostado antes.

??? nos había hablado de un lugar llamado Maymand, un pueblecito en las montañas patrimonio nacional, hacia allí nos dirigimos esa mañana con la idea de visitarlo al día siguiente, pero como tantas veces los planes cambiaron y nos vimos esa misma tarde paseando entre casas trogloditas excavadas en la roca y rodeados de decenas de turistas iraníes que acababan ese día sus vacaciones de año nuevo.

Ya anochecía y no sabíamos muy bien por qué carretera circulábamos, pero la dirección era correcta, o bien llegábamos a Kermán o bien a Rafsanjan. Dormimos en una gasolinera en las montañas, donde volvió a fallar la calefacción, esta vez sin razón aparente. Al día siguiente llegamos a Rafsanjan, muy conocida por sus alfombras; desde aquí Kermán se encuentra a menos de una hora de camino, a las once estaríamos allí.

En otros tiempos la ciudad de Kermán fue muy transitada por los turistas, aunque lejos de los circuitos tradicionales la provincia escondía una joya mundial, la ciudadela de adobe de Bam, que prácticamente desapareció de la faz de la tierra el 26 de diciembre del 2003 por culpa de un terremoto devastador. Ahora Kermán recibe visitas a cuentagotas, aunque en sí misma es una ciudad muy bella y conocida mundialmente por sus pistachos que se comercializan en cada esquina. Sólo tiene un fallo, y es que la cercanía con el vecino Afganistán ha provocado que el número de drogadictos aumente considerablemente, en ninguna ciudad iraní hemos visto tantos chicos y hombres enganchados a la heroína, de hecho incluso vimos alguna mujer, las primeras en todo este tiempo.

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