Muchos trabajadores fabricaban ladrillos con adobe, para reconstruir la antigua ciudad circundante al zigurat. Un hombre rubio, que no parecía iraní, salió de una caseta y nos saludó en inglés, luego otro trabajador nos hizo de guía durante la visita. Nos estuvo explicando que países como Italia o Francia estaban invirtiendo dinero de la Unesco para rehabilitar todo el conjunto, estaba muy contento de tener un sueldo de la Unesco, seguramente sería un privilegiado. Con él visitamos todo el zigurat, nos enseñó detalles que nosotros por nuestra cuenta no hubiéramos visto, como ladrillos con escritura cuneiforme, pisadas de hombres, un reloj de sol, un altar de sacrificios y el sistema de agua utilizado en la ciudad, que se abastecía a traves de antiquísimos canales de agua, llamados Qanats, que datan del siglo VII a.C. y que todavía están en uso, junto a las alfombras y los sellos el qanat es el invento persa por excelencia y debido a su eficiencia fue exportado por todo el continente. También nos enseñó el sistema triple de murallas aunque el interior del zigurat no pudimos visitarlo por las reformas que se estaban llevando a cabo. A la salida un colegio de niñas nos detectó, por un momento tanto Silvia como yo nos sentimos como artistas de cine o futbolistas ya que se pusieron como locas para que simplemente las escribiéramos nuestro nombre y país en un papel. Compramos un cd-libro y continuamos camino dirección Shush, para visitar los restos de la ciudad de Susa, capital del reino de Elam, aunque previamente visitamos un museo junto a otro yacimiento cercano en el que vimos algunas piezas procedentes de Susa y de Choga Zambil.

Llegamos a Shush bajo un agobiante calor, este sería el punto de nuestro viaje en el que estaríamos más cerca de Irak, apenas a 40 kilómetros. Lo que vimos en Susa ya nos lo esperábamos, sólo quedaban las columnas de un palacio y un pilar de la floreciente ciudad de antaño, al fin y al cabo hablamos de una ciudad de 4500 años de antiguedad, 2500 años más antigua que muchas ciudades del imperio romano, un castillo del siglo XIX, contruido por franceses, vigilaba todo el yacimiento.

Lo único que quedaba por ver era el Mausoleo del profeta Hebreo Daniel, uno de los cuatro mayores profetas del antiguo testamento. El mausoleo se reconoce claramente por su torre cónica de yeso, había mucha gente en su interior, de hecho recibe muchas visitas de gentes que creen en la fuerza milagrosa del profeta, al que se le crée un benefactor en las prolongadas sequías que asolan la región. Un cartel recordaba el recato de la mujer:

"La mujer vestida con discreción es una perla en su concha"

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Trabajos de conservación con adobe
Oasis en la provincia de Khuzestan