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Las despedidas no deberían existir, la nuestra con la familia kurda de Kermanshah fue triste, nos hubiera gustado quedarnos más e incluso en este momento aún pensamos en volver para darles una sorpresa, pero las distancias tan enormes de este país y la corta duración del visado nos echan para atrás. Esa mañana nos dimos una buena paliza hasta llegar a Shush, la ciudad que alberga el zigurat de Choga Zambil, recorreríamos alrededor de 400 km (iraníes claro), hasta llegar a un destartalado puesto de control a 20 km del zigurat. Pero el trayecto mereció la pena, en un principio atravesamos parte de la provincia de Lurestan, en la que vive la mayoría de la etnia Lur de Irán, que sólo representa el 2% de la población pero son muy respetados ya que están considerados como uno de los linajes arios más antiguos, descendientes directos de los Medas. Después atravesamos la provincia de Khuzestan, una de las más calurosas de Irán y con muchos km fronterizos con Irak, durante mucha parte del trayecto lo único que nos separaba del país vecino era la extensa cordillera de los Zagros, que comienza en Turquía y acaba en el golfo pérsico. El paisaje que recorríamos estaba dominado por anchos y desérticos valles, con montañas agrietadas y escasa vegetación aunque mucha agricultura, gracias al río Karun, que irriga toda la provincia.
Nos desviaríamos 400 km para visitar el zigurat y el yacimiento vecino de Susa, para volver sobre nuestros pasos camino de Isfahán. Por la noche un grupo de policías del puesto de control nos hizo movernos a su vera, creo que simplemente movidos por la curiosidad. A la mañana siguiente nos levantamos pronto, a eso de las 8 de la mañana, fuera hacía un calor agobiante, muy seco, lo primero que hicimos para romper el hielo con nuestros anfitriones es llevarles en un plato unas mandarinas y unos pasteles, con ellos estuvimos charlando un rato, medio en árabe, medio en farsí, en esta provincia, al estar tan cercana a Irak, se habla bastante árabe. Entre otras cosas nos dijeron que en verano se alcanzan los escandalosos 55ºC de temperatura, nos lo creíamos a pie juntillas, ya que a medida que fue avanzando la mañana el calor se hizo un poco insoportable, ¡¡y pensar que apenas 15 días atrás estábamos a -20º C!! Recorrimos los últimos 20 km antes de llegar al zigurat pasando por algún que otro oasis y campos de cultivo, tras una colina divisamos el zigurat, una enorme estructura piramidal, por lo que veíamos pensamos que el desvío había merecido la pena.

