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En la visita a Kashán nos aguardaba una grata sorpresa, en una estación de servicio de la autopista que une Isfahán con Kashán conoceríamos a Ferdi y Andrea, una encantadora pareja de alemanes que regresaban de su periplo de medio año por la India y Pakistán. Pasamos esa velada charlando en nuestro hogar, en el suyo no cabía un alfiler, era un verdadero caos.
Decidimos pasar parte del día siguiente juntos, acercarnos a Kashán y tomar un té en algún lugar agradable. Tras desayunar pusimos rumbo a la ciudad que distaba unos treinta y cinco kilómetros de donde estábamos, antes de arrancar Ferdi nos advirtió de que su velocidad máxima y de crucero era de 75 Km/h y a esa velocidad nos movimos. Nuestra primera parada fue al sur de la ciudad donde se encuentran varias casas del siglo XIX que pertenecieron a grandes señores, visitamos una de ellas 'la casa de Borujerdi', un pasillo nos llevó directamente hasta un gran patio con un estanque, allí pagamos la entrada de 300 tomanes. Recorrimos las dependencias, algunas de las cuales están en proceso de restauración, destacan los frescos de la sala central y los grabados de estuco de las salas laterales, también hay un complejo sistema de ventilación con varias torres.
Antes de aparcar Ferdi nos comentó que su volkswagen tenía algún problema eléctrico y que la tenía que aparcar en una cuesta para que luego arrancara bien, también nos comentó que eran muy despistados y que habían perdido las dos llaves del depósito de gasoil, nos invitó a seguir la visita solos mientras ellos intentaban hacer un duplicado de la llave. Tuvimos la suerte de que allí mismo había una tienda dedicada a ello y el dueño en menos de una hora sacó un molde y le hizo tres llaves por cinco dólares. En ese rato Rafa y yo inspeccionamos el lugar en busca de callejuelas de adobe y torres de ventilación, durante el paseo dimos con el mausoleo Sultán Amir Ahmad, con sus dos minaretes decorados con azulejos y su cúpula cónica.
Nos despedimos de los niños que se arremolinaban junto a la furgoneta de nuestros amigos y salimos de la ciudad en busca de un lugar tranquilo, el Jardín Bagh-e-Fin, un hombre nos había recomendado ir allí, donde podríamos tomar un té en la acogedora Casa de Té.

