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En el centro de la gran plaza del Imam, también llamada Meydan-e Naghsh-e-Jahan, existe un estanque en el que ondean las banderas de todos los países musulmanes, a su alrededor cientos de bóvedas en una estructura de dos pisos forman un rectángulo de 510 m de largo por 165 m de ancho, que convierten a esta plaza en la segunda con mayor tamaño del mundo, sólo superada por la Plaza de Tiananmen en Pekín. Salvo una pequeña zona reservada al tráfico, el resto es peatonal, con zonas ajardinadas y bancos donde sentarse. La plaza está repleta de gente, excursiones de colegios, parejas o familias paseando o sentadas, más los inevitables ganchos de turistas. El conjunto de la plaza y sus monumentos es un cuadro digno de ser visitado con calma, nosotros pasamos gran parte de nuestros cinco días en Isfahan recorriendo esta maravilla.
Cada lado de la plaza posee un monumento, La Mezquita de Sheikh Lotfollah, con su cúpula asimétrica respecto a la entrada principal y donde los colores poseen una simbología concreta, el amarillo representa al zoroastrismo, el azul la divinidad y el blanco la vida terrenal. Nosotros visitamos esta mezquita con un hombre que nos quiso acompañar, en principio pensamos que nos pediría dinero pero no lo hizo, nos llevó a un lugar desde donde se observaba la cúpula con detalle y con él visitamos también el interior de la mezquita, donde destaca el efecto de cola de pavo real que forma la cúpula.
En uno de los lados cortos de la plaza se encuentra la gran Mezquita del Imam, sobre la que cualquier epíteto se quedaría corto, se dice que los trabajos en cerámica policromada de esta mezquita son los más bellos y perfectos del mundo. La gran portada es digna de observarse con detalle, cada una de las partes es distinta, simbolizando que la perfección sólo es divina, en concreto existe un trabajo de un metro cuadrado donde aparecen dos pavos enfrentados, se utilizaron más de mil piezas de cerámica para realizarlo. Dentro de la mezquita estuvimos un par de horas, deleitándonos con cada detalle, se nos unió un joven de Isfahan que no paraba de hablar, en un momento yo logré escabullirme y dejé a la pobre Silvia con el chico, resultaba algo cargante.

