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El museo es de gran interés y también el interior de la iglesia donde se pueden observar unos frescos en perfecto estado, pero no se permite tomar fotografías, por lo que no podemos mostraros estas obras de arte.
En taxi nos dirigimos hasta el puente Khaju, uno de los muchos que cruzan el río y sin duda el más bonito, en sus inmediaciones nos sentamos a descansar y disfrutar del ambiente; unos jardineros colocaban flores en el paseo junto al río, algunas familias hacían su habitual picnic y parejas furtivas se sentaban tras algún arbusto a charlar. Paseando llegamos hasta el otro puente emblemático que ya habíamos cruzado esa misma mañana, el Sio-seh Pol, prolongación de la arteria principal de la ciudad; aunque el mapa nos mostraba distancias aparentemente cortas estábamos agotados, era el momento perfecto para quitarnos de encima algunas cosas que teníamos pendientes. Llamamos desde una oficina de correos a nuestros respectivos padres, es el mejor modo de hacerlo, otros locutorios cobran más del doble por la misma llamada, luego pasamos un rato en internet, yo no lo aproveché porque mi ordenador era una castaña y fallaba todo el rato hasta que se estropeó del todo ante la angustia de la chica que gestionaba el local. Una pizza rápida y al hotel a descansar, nos lo teníamos bien merecido.
El día siguiente nos permitió conocer otro barrio de la ciudad en viernes, su día festivo, al contrario de lo que habíamos observado en otros lugares el tráfico se intensificó y nos costó un buen rato llegar y aparcar cerca de la Masjed-e Jame o Mezquita del Viernes. Otro hecho curioso fue ver como los bazares de la zona estaban a pleno rendimiento, mientras que el gran bazar de la ciudad permanecía cerrado. Recorrimos las calles abarrotadas hasta la mezquita y llegamos justo en el momento inoportuno, la hora del rezo, nos dimos media vuelta y nos escabullimos del ajetreo por unas callejuelas que llevaban hasta el minarete de Alí, uno de los más altos e importantes de la ciudad, en el camino visitamos una escuela con una bonita cúpula adornada con azulejos azules. Una hora más tarde pudimos visitar la Mezquita del Viernes, y no lo hicimos solos, coincidimos con cinco turistas franceses en la entrada.
Ya de vuelta hacia el coche le comenté a Rafa la necesidad que tenía de cambiar mi atuendo, llevábamos ya bastantes días en Irán y seguía viendo a las chicas con sus chaquetas por encima de la rodilla y los vaqueros debajo. Pregunté en un par de tiendas y por prendas parecidas a la que al final me compré me pedían más de 15.000 tomanes (unos 15 euros), finalmente encontré la típica tienda de rebajas y lo adquirí por menos de la mitad, me lo llevé puesto.