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La carretera dejaba atrás pueblos de adobe rodeados de palmeras, oasis en un desierto de calor y arena, más tarde harían su aparición los quemadores de petróleo y las instalaciones, refinerías, fábricas y centros de distribución de sus derivados. El paisaje era desolador, nada atractivo para el visitante, como la gran parte de esta costa. Nos contaron varias veces que siendo las provincias supuestamente más ricas del país por sus reservas de petróleo y gas, eran a la par donde las gentes son más pobres y humildes, el contraste con las provincias del norte y centro de Irán es brutal, y las gentes son más cerradas y tradicionales. Si en muchos otros lugares el contacto con las mujeres fue muy fácil aquí fue prácticamente nulo, no sólo por la falta de conocimientos de inglés sino por que parecían no querer comunicarse, sólo viven para sus hijos y su hogar y no parecen tener más interés ni miras que esos. En esta región nos hemos encontrado el Irán más tradicional y pobre, con escasos recursos y educación.
Esa tarde nos desviamos del camino principal para acercarnos de nuevo al mar, tenía que haber un lugar esperándonos allí mismo. Un camino de tierra nos llevó hasta una enorme duna, el inicio de una playa de arena junto a una pequeña cala de rocas. Aparcamos y descendimos a inspeccionar el lugar, era perfecto, podríamos bañarnos e incluso usar las gafas para ver la fauna marina. Cuando más contenta estaba oí el ruido de un motor, no daba crédito, un 4x4 aparcó junto a nosotros y cuatro personas descendieron a la playa, se trataba de dos chicas jóvenes y dos chicos, uno de unos 15 años y otro de nuestra edad. No di mi brazo a torcer y bajé con las cosas hasta la playa pensando que se irían muy pronto, pero no era así, mientras las chicas miraban los dos chicos nadaban en las cálidas aguas. Dude unos segundos y luego les pregunté si les molestaba que me bañara, me dijeron que no, y así hicimos dos nuevos amigos, por precaución me bañe en pantalón corto y en bañador, disfruté como nunca, quizás porque sabía lo difícil que era encontrarme a gusto en esa situación. A pesar de la temperatura del agua no había mucho que ver en el fondo, algunos peces a rayas amarillas y negras y poco más. Salí del agua más arrugada que una vieja de 90 años, seguramente no tendría más oportunidades de bañarme hasta la India.
Nos despedimos de nuestros últimos amigos, mucho más abiertos que las gentes del lugar, y continuamos hacia el sur sintiendo como el calor aumentaba por momentos, pero estábamos muy animados, intentaríamos cruzar a la moderna isla de Kish, si lo conseguíamos podríamos bañarnos a nuestras anchas en la playa para turistas que hay en la isla, ¡¡¡cerrada con muros a ambos lados y con una cortina para extenderla los primeros metros de agua!!!

