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Nos empezó a preguntar que donde íbamos, que por donde pensábamos pasar, etc...También nos pidió muchos papeles y finalmente me indicó que fuera a la garita. Yo estaba tan cansado que ni siquiera me preocupé demasiado. Por suerte el futbol "suavizó" un poco la situación, que no es que fuese muy hostil, pero si un tanto extraña, de cierta incertidumbre. Enseguida los agentes se pusieron a hablar del Barcelona y del Real Madrid y pasamos sin mayor complicación.
Para nuestra sorpresa, a los 15 kilómetros recorridos desde el primer paso nos encontramos de nuevo con otro control, en el que nos hicieron las mismas preguntar y tuvimos que pasar por los mismos trámites. A los pocos kilómetros otro control más, esta vez más hostil, con barricadas militares sobre las carreteras y las mismas preguntas de rigor. Tras pasar este tercer control, mientras me planteaba si habría sido buena idea parar por Kosovo llego el cuarto control, esta vez de la O.N.U. Los mismos trámites, con la novedad de que esta vez le echaron un ojeo a la furgoneta.
Ante la reiteración de los controles me vi en la necesidad de preguntar al militar si había algún problema en la región actualmente, a lo que me respondió muy seguro que no, que todo estaba tranquilo. A mi no me tranquilizó mucho esta respuesta. Nos hicieron unos salvoconductos para permitirnos transitar por la zona, indicandonos que deberiamos devolverlos en el puesto fronterizo, a la salida del país. Era hora de parar a comer algo, descansar y plantearse lo que habiamos vivido en 1 hora. Aunque el cansancio era grande, trás una fabada litoral y un reconfortante cigarro las cosas se ven de otro modo, decidimos continuar, quizás no hasta Skopje, pero si por lo menos hasta las inmediaciones de Pristina. Tuvimos por fin un pequeño golpe de suerte, ya que logramos sintonizar un dial de música, que nos animó un poco el camino. Fuera la noche era oscura, muy oscura, con un silencio sepulcral. Para colmo empezó a llover y la carretera se convirtió durante dos kilometros en casi un barrizal, desde luego estaba siendo una dura prueba.
Por fin, tras otra hora y media de tortuoso camino, divisamos lo que parecían las luces de Pristina. Al acercarnos la ciudad no nos dió mala impresión, se divisaban construcciones modernas y en buen estado. La carretera que llevaba hasta Macedonia estaba muy transitada, al fin y al cabo era fin de semana. Ibamos dejando a ambos lados de la carretera discotecas y hasta un hotel Palace reluciente y luminoso, con coches de lujo en la entrada, resultó chocante, satírico, el hecho de encontrar tanto lujo en una zona con tanta miseria. Estabamos agotados, eran casi las dos de la mañana, llevabamos más de trece horas al volante, así que paramos junto a una gasolinera, habíamos recorrido menos de 400 kilómetros. La mañana no es que fuese más alentadora, tanquetas de la fuerzas de Kosovo, helicópteros militares sobrevolando, la verdad es que teníamos ganas de dejar la región. El paísaje que se veía desde la carretera era bastante triste, muchos cuarteles, muchos perros en descampados, niños andando por vertederos, los pueblos destartalados, etc...Por fin llegamos al puesto fronterizo, unos chavales nos intentaron vender pepsi colas para hacernops la espera más agradable. Un policia nos paró, "mierdecita" nos dijo, era la única palabra que debía saber, le dimos los salvoconductos y entramos en Macedonia, camino de Skopje. En apenas un día se podía decir que habíamos vivido una de las experiencias más intensas de nuestra vida, que seguro no olvidaríamos nunca.

Fecha: 31 de Agosto de 2005
Lugar: Atenas