Volver a Europa

 

Lo primero que nos encontramos al acercarnos a la ciudad vieja fue una enorme mole de piedra, coronada por un torreón de vigilancia. Era la muralla, en perfecto estado, que rodeaba casí toda la ciudad. Al fondo se veía un islote, barcos de crucero y toda la linea de la accidentada costa dalmata, perdiéndose hasta donde la vista llegaba.

Entramos a la ciudad por una de las puertas, coronada con una estatua de San Blas, que veríamos muchas más veces. Al entrar parecía que te trasladases trescientos años atras, nos rodeaban edificios renacentistas y medievales, estrechas y empinadas calles bajaban hacía la calle principal, que estaba repleta de turistas. Desde aquí accedimos a la muralla, desde donde las vistas de la ciudad eran excepcionales. Estabamos en la "Perla del Adriático" y desde luego, era más que merecedora de ese apelativo. Tardamos en recorrer la muralla entera alrededor de dos horas, a medida que avanzabas unos cuantos pasos la perspectiva de la ciudad cambiaba. Aún se veían andamios, los trabajos de restauración continuaban, al fin y al cabo la ciudad quedó casí destruida tras la guerra, pero por fortuna casi todos los edificios estaban ya reformados.

Tras el recorrido por la muralla continuamos andando por la ciudad, por sus callejuelas estrechas, que llegaban a recogidas plazas. Había muchos restaurantes, que en ocasiones te dificultaban el paso. La ciudad esta repleta de iglesias de distintos estilos arquitéctonicos, conventos, palacios renacentistas, edificios de estilo veneciano, sinagogas, etc...Llegamos hasta el pequeño puerto, dominado por la fortaleza de San Juán, sentados en un banco observabamos barcos entrar y salir, mientras la luz empezaba a irse y la muralla se iluminaba. Cenamos en un restaurante dentro de lo que parecía un antiguo claustro, resultó un poco timo, ya que los precios que aparecían en la entrada no correspondieron con la realidad, aunque la comida era bastante buena.

 

 

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