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Así que pasamos otro día y medio aparcados en el mismo lugar, en la localidad llamada Ika, cerca de Opatija, era como nuestro hogar. Nos aprendimos la zona de memoria. Tuvimos la suerte de encontrar un sitio agradable donde bañarnos cada día y un sitio fresco donde dormir. Una de las noches nos encontramos unas luciérnagas cuando bajábamos hacia el mar (la primera vez que las vemos en nuestras vidas). Una vez en la orilla pudimos observar el efecto de luz que genera el plancton en movimiento, como estrellas en el mar; y en el horizonte una enorme tormenta sobre Rijeka.
Por fin llegó el miércoles por la mañana, estuvimos en el taller hasta las tres de la tarde. Además de colocarnos la pieza nueva, un silenciador del tubo de escape, también nos realizaron varias soldaduras a lo largo del tubo, esperemos que duren mucho. La profesionalidad de los mecánicos fue intachable, hicieron un buen trabajo; a la hora de cobrar no fue igual de bien, nos cobraron casi el doble de lo que nos habían presupuestado, un duro golpe para nuestra economía.
Partimos dirección Dubrovnik en cuanto estuvo acabado el trabajo. Nos desviamos hacia Mostar, en Bosnia Herzegovina, ya entrada la noche, y llegamos a la ciudad sobre las doce de la noche. Al día siguiente nos esperaban emociones intensas en esta ciudad devastada por la guerra.



Fecha: 19 de agosto de 2005
Lugar: Atenas