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En las orillas del Neckar los estudiantes pasaban la tarde, mientras nosotros paseábamos la ciudad tranquilamente, con una agradable temperatura, que nos ayudó a subir la larga cuesta que iba a dar al castillo, desde donde se divisaba toda la ciudad desde una perspectiva privilegiada. Dejamos Heidelberg al atardecer, en busca de un lugar donde dormir esa noche. Aparcamos a unos pocos km de Karlsruhe, junto a un lago y unas granjas, la noche era muy agradable, así que nos dimos un pequeño paseo, no sin pasar desapercibidos por las familias que se asomaban por las ventanas para vernos.
Al día siguiente nos levantamos temprano, había que hacer muchas cosas en la furgoneta, como "darle un agua", por ejemplo. Era un buen día para arreglar otros asuntos. Uno de ellos era encontrar una lavandería, la acumulación de ropa empezaba a ser preocupante. El otro asunto, más importante, era el de encontrar un concesionario Volkswagen para arreglar la nevera, que nos dejó de funcionar justo el día que salimos de Madrid, gajes del oficio. Fuimos a Karlsruhe, a priori no debería de ser muy difícil encontrar en una ciudad un taller de Volkswagen. Aparcamos en la universidad y salimos en busca de un cyber y una lavandería. Al rato encontramos un centro de internet regentado por unos africanos, que nos dijeron donde podríamos encontrar una lavandería. También encontramos fácilmente dos concesionarios en la ciudad, otra cosa muy distinta era llegar hasta ellos. Al ir hacía la lavandería vimos que estaba cerrada y que ya no abría hasta la tarde, así que optamos por una opción más casera.

Volvimos a por la furgoneta para ponernos a buscar los talleres, con la sorpresa de encontrarnos con una multa puesta por la universidad, que no pagamos. En el primer concesionario no nos pudieron ayudar pero un hombre nos indicó como llegar al segundo, en el que simplemente puedo decir que la "máquina alemana" comenzó a funcionar. No solo mostraron un carácter perfecto, sino que en apenas diez minutos un mecánico que "sabía latín" nos arregló la nevera, haciendo un simple corto con un cable, a lo Mc Giver, sólo por 20 €. La lástima es que cuando nos pidió postales del Real Madrid no teníamos para darle, se había ganado el equipo entero.
Con nuestra nevera
como nueva seguimos camino a Baden-Baden, la puerta de la Selva Negra o Schwarzwald,
como ellos la llaman. Baden-Baden es famosa por sus balnearios de aguas termales,
ya descubiertos por el emperador romano Caracalla, en la antigua Aquae Aureliae.
Por 12 € tenías dos horas para disfrutar de 6 piscinas con cascadas
y chorros de agua con unas temperaturas entre 18 y 38 grados, además
de saunas y una maravillosa sala donde emanaban vapores de agua aromatizados
y una ligera música te llevaba hasta un sopor casi onírico.
Como es obvio, esa noche dormimos como bebes. Al día siguiente ya nos
adentramos en la Selva Negra, un continuo camino entre valles rodeados de
bosques interminables. La región tiene alrededor de 160 km de longitud,
con una anchura entre 23 y 61 km, con un área de 5.180 km2. Su nombre
alude a los densos grupos de abetos que pueblan las vertientes superiores.
En las zonas inferiores hay extensos bosques de robles y hayas.