Volver a Europa

Para acabar nuestra visita a esta bella península volvimos a Volos por la carretera del norte. Este camino es más abrupto, y tardamos mucho en llegar hasta el alto, donde hay una estación de esqui y de deportes de invierno. En la bajada encontramos la desviación hacia Makrinitsa, uno de los pueblos más bonitos, pero también más turísticos. Es conocida por sus casas 'colgantes', porque es donde mejor se observa la arquitectura de la zona: la fachada delantera tiene tres plantas, mientras que la trasera sólo tiene dos, las que corresponden a la segunda y tercera planta de la delantera. También tiene una iglesia muy auténtica, con una fuente y un soportal. Nos dimos un paseo y tras ver las vistas de Volos y la bahía, nos fuimos camino del Olimpo de los Dioses (fruto de otra crónica).

Tras nuestra aventura en las montañas nos fuimos a Tesalónica, la segunda ciudad de Grecia. Esta ciudad es quizás la culpable de que hoy estemos donde estamos, ya que aquí tuvimos la idea, hace ya más de cuatro años, de emprender esta aventura. Aunque entonces sólo fuese eso, una idea, mientras nos paseábamos junto a la estatua de Alejandro Magno en el paseo marítimo. Era la segunda vez que pasábamos por aquí en nuestro viaje, la primera vez, ya lejana, recogíamos a Gema y a Laura en el aeropuerto, el día 8 de agosto. No quedaba rastro de los barcos-bar de copas donde nos tomamos la primera cerveza con las chicas. En las anteriores visitas no habíamos subido a las murallas de la ciudad, y así lo hicimos esta vez. La vista de la ciudad y de la isla de Samotracia merece la visita, aunque el barrio turco no está muy bien conservado. Tras comprar la postal de rigor descendimos a ver por última vez la Torre Blanca, emblema de la ciudad, y salimos de la misma, no sin antes perdernos casi una hora por sus arrabales.

Siempre nos cuesta encontrar un sitio donde dormir y esta vez no fue menos, acabamos a las afueras de un pueblecillo de paisaje 'típicamente castellano', entre dos lagos que aparecen en los mapas pero son difíciles de alcanzar en coche. La mañana siguiente hicimos las compras en Peristerona (otro pueblo 'castellano' plagado de tractores) y nos acercamos al lago grande. Dedicamos la mañana a nuestras labores retrasadas: limpieza de ropa, lavado del coche, y una ducha (en estos momentos uno se da cuenta de las comodidades que tiene vivir en una casa o un apartamento con lavadora, cuarto de baño, agua corriente, etc).

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Café en el barrio turco - Kavala
Calle empedrada - Kavala
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