![]() |
| |
Tras visitar la asombrosa isla de Santorini pusimos rumbo al Peloponeso, sabíamos que no nos daría tiempo a verlo todo así que decidimos improvisar.
El miércoles por la mañana cruzamos el canal de Corinto sin apenas darnos cuenta y nos dirigimos a Micenas. La antigua ciudadela se encuentra a unos veinte kilómetros de la costa, cerca de la ciudad de Argos. Y se asienta bajo los montes Agios Ilias de 750 m y Zara de 600 m, el paisaje actual resulta bastante seco, con apenas árboles y algunos olivares, pero en otros tiempos debió ser una región fértil y rica. Tras pagar la entrada de ocho euros recorrimos los restos arqueológicos, de los cuales la Puerta de los Leones es lo que se encuentra en mejor estado. Al atravesarla dejas a la derecha un cementerio real en forma de círculo, y subiendo se van dejando restos de habitáculos a ambos lados, en la parte más alta estaba el palacio, del que tampoco queda gran cosa. Hay una cisterna que se puede visitar con linterna, gracias a la cual se abastecían de agua desde el exterior de la ciudadela.
Mejor impresión nos dejó el museo, en el que se pueden ver maquetas de cómo fue la ciudadela, y donde hay expuestas innumerables piezas de todas las etapas. Se describe toda su historia, desde el Neolítico hasta nuestros días.
Por último visitamos el Tesoro de Atreo, o Tumba de Agamenón. Se encuentra en muy buen estado. Se llega a ella regresando hacia el pueblo por la carretera a mano derecha.
Un poco decepcionados por la visita nos dirigimos a Nauplia, antigua capital del país. Aparcamos la furgoneta a los pies de una de las fortalezas, comimos en un pinar y nos dimos un paseo por la costa, descubriendo varias zonas de baño al norte de la ciudad. Regresamos y nos dirigimos al pueblo. No llevábamos ni cinco minutos cuando nos encontramos con Iliana, la hermana de Themis; se nos hizo extraño el encontrarnos a alguien allí. Nos explicó por donde pasear y nos despedimos de ella. Resultó ser una ciudad muy bonita, con muchas zonas peatonales, edificios venecianos (el León de San Marcos estaba en cada esquina), y terrazas donde descansar y tomar algo. Nos acercamos al puerto, desde donde se veía un islote con la fortaleza de Bourtzi.

