Volver a Europa

 

Tanto las habitaciones como el salón-comedor están bastante bien, te dejan hasta coger tres mantas por persona, cosa que se agradece. Por la tarde el tiempo no mejoró. Cenamos pronto, sobre las siete, al fin y al cabo las luces se apagaban a las diez y queríamos levantarnos pronto para subir al Myticas. Cenamos un hermoso plato de judías y otro de albóndigas con patatas cocidas, muy tonificantes. Un poco más tarde el tiempo dió un poco de cuartel, y pudimos ver la imponente garganta que forma el río Epineas, y al fondo Litochoro y el mar. A las nueve de la noche ya estábamos durmiendo.

Nos levantamos a las siete menos cuarto, tomamos un café y salimos enseguida. Hacía frío pero en cuanto empezamos a subir entramos en calor. Delante, a unos cien metros, teníamos una pareja de alemanes y más arriba un grupo de quince personas, que más tarde nos enteraríamos que eran búlgaros.

El camino subía serpenteante, soportable, entre bosques de pinos. Íbamos bastante bien, el hecho de no llevar mochilas suavizaba mucho la marcha. Supusimos que las vistas tenían que ser increibles, ya que por desgracia no se veía mucho, apenas quince metros miraras donde miraras. Estábamos en medio de las nubes, había mucha humedad, era un poco desalentador. Me puse a pensar en qué motivaría a los escaladores profesionales y porque aguantan tantas penurias, supongo que les mueve el afán de superación y el simple hecho de llegar, aunque muchas veces no disfruten demasiado.

Llevábamos una hora andando y el paisaje cambió bruscamente, sólo había piedras, nubes y algunos matojos. Llegó un momento, concretamente a 2.450 metros, en el que el camino se hizo muy duro, muy empinado, se nos hizo eterno. Por fin, a los tres cuartos de hora llegamos al Skala (2.866 m), donde uno de los búlgaros me invitó a rakia, un licor de patata muy fuerte pero que me hizo entrar en calor rápidamente. Desde la cumbre se podía ver un espectacular cañón, aunque no pudimos ver la cumbre del Myticas. El guía búlgaro nos explicó que aún quedaban cien metros de bajada y otros doscientos de subida hasta llegar a la cumbre del Myticas.

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Pico Skala