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Se nos echaba el tiempo encima, aunque el cierre es a las 19h30, la consigna donde obligan a dejar las mochilas (de cualquier tamaño) cierra a las 19h. Recuperamos nuestras pertenencias y nos fuimos al barrio de Plaka a cenar y pasar la última noche con las chicas. La cena no fue de nuestro agrado, al contrario que la comida en un restaurante que se encuentra en la calle Iokionos, junto a la calle Mitropoleos (al lado de la catedral).
Al día siguiente fuimos a visitar el Museo Arqueológico, una auténtica maravilla, donde los platos fuertes son algunas esculturas de mármol y bronce, como la de Afrodita en mármol o la de Poseidón o Zeus en bronce. También hay colecciones de joyas que nos llamaron mucho la atención y una planta entera de cerámicas con ejemplares magníficos de todas las étapas. La entrada cuesta siete euros y hay que contar mínimo tres horas de visita; como todos los museos de este tipo sería mejor verlo en dos o tres visitas para abarcar bien su extensión.
Enfilamos una calle que desciende directamente a la estación central de trenes "Larisa", y paramos a comer en un restaurante de barrio, rodeados de obreros. Fue de lo mejor y más barato que probamos en Atenas. Poco después decíamos adiós a las chicas ¿hasta cuando?
Como mi amigo Michalis no regresaba hasta el día siguiente y Jorge llegaba el viernes, decidimos acercarnos al Cabo Sounión, a visitar el Templo de Poseidón, a unos setenta kilómetros al sudeste de Atenas.
Dormimos a unos quince o veinte kilómetros del cabo, en una tranquila playa. Al día siguiente por la mañana nos acercamos a Cabo Sounión. Pasemos por los alrededores y nos dimos media vuelta hacia Atenas. Antes de volver a la gran urbe hicimos una parada para bañarnos , bucear un poco y comer en una playa de guijarros, cuyas aguas estaban plagadas de vida.

