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El servicio ferroviario en Sri Lanka es el medio de transporte más usado y útil, cubre gran parte de la superficie del país y atraviesa la parte central del mismo en diversas rutas, superando la abrupta orografía del interior. Pero un viaje en tren también supone una inmersión cultural dentro de algunas peculiaridades de la cultura sinhalesa. Nosotros tuvimos la oportunidad de tripitir la experiencia dentro de los trenes. La primera de ellas fue nada más llegar al país, cogeríamos el tren en Colombo para dirigirnos a la ciudad de Anuradhapura, que acoge los restos de una de las antiguas ciudades budistas, en el centro norte de la isla. La puntualidad a la hora de coger este y los demás trenes fue exquisita, un legado de la célebre puntualidad inglesa. El estado de los vagones dejaba bastante que desear, el interior estaba construido en madera y los asientos, aunque no eran muy incómodos, dejaban asomar algunos hierros oxidados, que al cabo del tiempo habían agujereado la tapicería de plástico negro. De todos modos nuestras primeras dos horas de trayecto transcurrirían de pie, apretujados entre escolares que volvían a sus casas después del colegio y bajo el sonido insoportable de los ventiladores que colgaban del techo.
Durante nuestra erguida estancia y también estando sentados, todo el despliegue folclórico aparecía y desaparecía entre los pasillos de los vagones, vendedores con enormes cestas de mimbre que vendían desde garbanzos calientes, albóndigas de lentejas, cacahuetes y demás alimentos, los había minusválidos, o bien ciegos o carentes de algún miembro, que amenizaban el largo trayecto de los viajeros con alguna canción o alguna nota sacada de un instrumento local.
Las puertas que iban a dar al exterior iban abiertas de par en par, dejando entrar el fresco aire del exterior, desde luego era el lugar privilegiado del tren, el ir sentado observando el paisaje o a otros viajeros en osadas posiciones, también asomados al vacío. Ya al atardecer, las bombillas chillonas se encendían, molestando más que dando luz, los ventiladores seguían a todo trapo y no había manera de bajar las ventanillas, así que el frío se hizo un poco serio justo al final de nuestro primer trayecto en tren en Sri Lanka.

