Por la mañana, después de desayunar en un local de la calle principal, nos reunimos con el rickshaw que nos conduciría a visitar el resto de la ciudad, lo habíamos decidido así la noche anterior viendo en el mapa lo esparcidas que están las distintas edificaciones y lo peligroso de la meteorología en esa zona del país, que se encontraba en plena época de lluvias.

El rickshaw nos introdujo por la puerta sur donde unos guardas nos agujerearon las entradas del Round Ticket adquirido en Anuradhapura dos días antes, ésta habría sido otra de las entradas a 20 dólares. Comenzamos por el Palacio Real, la Sala de Audiencias y los Baños Reales, lo más bonito era la armonía del conjunto con el entorno, tan verde, con árboles y arbustos por todas partes, un lugar muy agradable donde caminar.

Continuamos por el Quadrangle, el primer plato fuerte, un conjunto situado como en una tarima a la que se accede por unas escaleras. En él se encuentran doce construcciones de interés, algunas en muy buen estado de conservación, las más llamativa y curiosa es el vatadage, un edificio de base circular con varias alturas, su base inferior tiene 18 metros de diámetro y a la parte superior se accede por cuatro entradas, en ésta se puede ver la estatua de una buda sentado. Los cuatro accesos están adornados por guardstones, relieves mitológicos de supuestos guardianes del santuario, y en la entrada principal, al norte, una preciosa moonstone inicia las escaleras. Junto a este singular edificio hay varios templos, casi todos mandados erigir por el rey Nissanka Malla.

De nuevo una fuerte tromba de agua impidió nuestra visita, y tuvimos que resguardarnos de la lluvia en unos tenderetes frente al Quadrangle, donde aproveché para tomarme otro café.

Nuestro chofer nos condujo hasta la siguiente zona, donde vimos varios templos hinduistas dedicados a Shiva, y luego nos dejó en medio del camino hacia las ruinas del norte, para que fuéramos caminando y observando muchos restos arqueológicos en el camino, así como un par de dagobas más.

Al final del camino nos esperaba un grupo de stands donde muchos conductores descansaban, esperando a sus clientes. Tomamos un refresco e invitamos a nuestro acompañante a un té.

Index crónicas de Asia
Sigue
Volver
Un viejo Árbol
Volver a Asia
Ir a fotos de la crónica