El autobús nos dejó en la zona turística de Polonnaruwa muy cerca del Museo Arqueológico y los primeros restos de la antigua ciudad. Al descender varios rickshaws se acercaron a nosotros para ofrecer sus servicios, todo en un tono educado y cordial, sin agobiar como a veces nos ocurre en India. Sabíamos que los hostales se encontraban allí mismo, no necesitábamos transporte, tras comentar nuestro presupuesto a los presentes nos indicaron una casa de huéspedes a menos de veinte metros de donde estábamos, allí nos ofrecieron una habitación por 500 rupias, era bastante cutre, pero suficiente para una noche, no faltaba el ventilador ni las mosquiteras.

Una vez esparcidas todas nuestras pertenencias por la habitación nos dimos cuenta de que algo faltaba, una bolsa de plástico con las zapatillas de deporte de Rafa y mis chanclas se habían quedado en el autobús; un rickshaw aprovechó la coyuntura y nos sajó llevándonos al pueblo siguiente, donde acababa el trayecto, pero mereció la pena porque hallamos el autobús y nuestro calzado en su interior. Ya que estábamos allí decidimos comer antes de regresar, esta vez en transporte público. Cruzando la calle, frente a la estación de autobuses, encontramos un pequeño restaurante, allí nadie hablaba una palabra de inglés, sin embargo fue bastante fácil comunicarse con ellos, comimos arroz con curries vegetales y una pieza de pollo frito, todo por dos euros y medio, incluida la bebida.

Pensábamos realizar la visita a Polonnaruwa esa misma tarde, pero el tiempo se truncó y una fuerte tromba de agua cayó durante al menos dos horas. Cuando amainó la tormenta inspeccionamos los alrededores, llegamos hasta el lago, a unos cincuenta metros del hostal, en el camino vimos nuestro primer varano, junto al sumidero que salía de la cocina de nuestros anfitriones, la mujer lo ahuyentó como pudo, tenía mucho arte, se notaba que el animal la visitaba a menudo. Dejamos la visita al lago para el anochecer y nos dirigimos hacia los restos de un palacio situado junto al museo, no quedaba gran cosa en esta zona, lo más destacable las bases de un edificio columnado con una estatua aún en pie de un león. Como el tiempo seguía revuelto no nos atrevimos a continuar, sería mejor hacerlo por la mañana, en su lugar veríamos el museo, donde se exponían objetos, fotografías y explicaciones sobre varias ciudades antiguas (Anuradhapura, Polonnaruwa, Sigiriya, Mithingale, etc), una visita muy interesante que nos ayudaría mucho al día siguiente, ya sabíamos cuales eran los edificios más destacables de Polonnaruwa.

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