El autobús nos dejó literalmente tirados en medio de la calle principal de Kandy, caminamos en dirección sur y en breves minutos nos vimos junto al lago. Sabíamos que había varios alojamientos económicos al otro lado, parecía bastante sencillo llegar caminando y así lo hicimos, a mitad de camino un hombre se ofreció a acompañarnos, no le hicimos mucho caso pero seguimos su consejo de atravesar el monasterio Malwatte Maha Vihara para llegar a nuestra primera opción, la Pink House.

La casa es muy bonita pero las habitaciones están un poco dejadas, aún así el precio nos convino y decidimos quedarnos. Escogimos la habitación más grande, esparcimos todas nuestras posesiones por cada rincón y nos echamos un rato en la cama, cubierta por una enorme mosquitera (en todos los hostales de Sri Lanka hemos encontrado mosquitera, un lujo que no se encuentra en India).

Descansados nos fuimos de paseo por el lago hacia el centro de la ciudad, volvimos a atravesar el monasterio, esta vez disfrutando más de la visita sin el peso de nuestras mochilas. Era casi de noche y no teníamos prisa por visitar la ciudad ya que habíamos decidido quedarnos tres noches allí, así que decidimos entrar en un internet a chequear los emails, teníamos que aprovechar la tarifa de 20 a 40 rupias la hora, en los demás lugares costaba entre 4 y 8 rupias el minuto (de 2 a 5 euros la hora). Para hacer un poco de tiempo hasta la cena caminamos hacia el mercado en busca de un mechero para Rafa, fue imposible encontrar uno, tuvo que conformarse con unas cerillas que hallamos después de más de media hora de búsqueda, al día siguiente nos pasaría lo mismo para encontrar cigarrillos y decidió comprarse varias cajetillas para los siguientes días.

Esa noche cenamos en el restaurante Devon, que posee un amplio menú con platos italianos, occidentales, chinos y locales y cuyos precios son muy razonables (parezco la guía Lonely Planet...jejeje). Comimos muy bien, un cerdo deville (plato típico con una salsa parecida a la de soja) y otro plato de pollo guisado, todo acompañado del sempiterno arroz que nos acompaña desde Irán y al cual Rafa le está empezando a coger manía (en Singapur y Kuala Lumpur sigue siendo ingrediente básico, al menos toca una vez al día).

Nuestra primera mañana en Kandy la iniciamos con una caminata alrededor del lago por el lado no urbanizado, los varanos, algunos enormes, descansaban al sol o nadaban cerca de la orilla, veríamos al menos seis ese día.

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