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Fecha: 18 de Marzo de 2007
Lugar: Teluk Batik - Malasia.
Un día completo que mereció otra suculenta cena. Al día siguiente cogeríamos las bicis de nuevo, cedidas gratuitamente por el dueño del hostal, estaban hechas polvo, pero nos sirvieron para las visitas del día, aunque en muchos momentos fueron más carga que ayuda. Bajaríamos un enorme desnivel hasta la carretera principal, ya le avisé a Silvia que haber qué íbamos a hacer para subir eso a la vuelta. Primero visitaríamos un templo budista a unos kilómetros, ahí conoceríamos a un marinero de Colombo que conocía Barcelona y Valencia, curiosa coincidencia. En el interior del templo, emplazado en una cueva, había numerosos frescos que representaban la vida de Buda y en el exterior una gran y deteriorada estatua de buda estaba tallada en la roca. Tras nuestra visita al templo nos pusimos en camino hacia una de las fábricas de té, cogimos un desvió y observamos que el desnivel era insalvable, al menos para nuestras fatigadas piernas, por lo que hicimos el resto del camino a pie, con la mala suerte que al llegar uno de los trabajadores nos dijo que estaban cambiando la maquinaria para pasar la Iso 9001, por lo que no se trabajaba. Aún así nos ofreció una visita guiada, explicándonos el laborioso proceso de elección, separación, etc, de las hojas de té; se mostró especialmente orgulloso con una nueva adquisición de la fábrica, una carísima máquina japonesa que separa las hojas del té por el color, anteriormente ese trabajo lo hacían manos humanas (supongo que aumentaría el beneficio y que muchas personas se quedarían sin trabajo). Quedaba la vuelta y nuestros intentos por que alguien nos subiera fueron infructuosos, así que al más puro estilo Indurain le metimos piñón fijo a las bicis y aunque despacio llegamos a Ella. Otra buena comida y otra buena siesta. Para la última tarde en Ella cogeríamos de nuevo las vías del tren dando un pequeño paseo. A la mañana siguiente, tras despedirnos de nuestra particular madraza y del yogur cogeríamos un autobús camino al mar, las visitas en el interior del país habían acabado. Quién nos iba a decir la enorme sorpresa que nos esperaba al cabo de unos días.


Llegamos cansados y hambrientos, así que la comilona y la siesta no nos la quitó nadie. Pero nos volveríamos a animar por la tarde, sobre todo tras la dosis de yogur con miel, por lo que decidimos darnos otro paseo, esta vez más corto, hacia el Little Adam´s Peak. Cogimos un desvío desde la calle principal de Ella y volvimos a meternos entre campos de té, al rato dejamos a nuestro lado una serie de chabolas, donde los niños jugaban al voleibol, parecía una zona humilde, aunque a mí me pareció que tenían calidad de vida en un lugar así. De nuevo amenazaban nubes de tormenta, pero llegamos al pico a la hora perfecta, cuando al sol le quedaban aún unos minutos para ocultarse tras Ella Rock. Al fondo del valle, a vista de pájaro, observábamos como corría la carretera, bajo nosotros había una seria caída de varias centenas de metros en vertical, un lugar poco apto para gente con vértigo.