Seguimos pedaleando, algunas visitas nos las saltamos, había tanto que ver que en realidad hubiéramos necesitado otro día para hacer una visita total. Lo que no nos perdimos fue la enorme estupa de ladrillo rojo, también una de las más grandes del mundo, aunque en bastante peor estado que la anterior. Comenzó a chispear, así que tras un pequeño tentempié nos volvimos tranquilamente hasta el hostal, para relajar las piernas.

Esa tarde volveríamos a coger las bicis, esta vez camino de un templo junto a un lago, a unos cuantos kilómetros de la ciudad. Comenzó a llover de nuevo, justo al llegar al templo comenzó a arreciar, nos cubrimos bajo la entrada, era un templo precioso, incrustado en una roca y junto a un lago repleto de enormes nenúfares. Pero la entrada nos pareció excesiva, por lo que decidimos no entrar.

Esperamos en vano a que dejara de llover, en cuanto se moderó un poco cogimos la bicicleta de vuelta al hostal. Pero justo en el peor momento, mientras subíamos una trabajosa cuesta y sin avisar, empezaron a caer verdaderas jarras de agua, en apenas dos minutos bajaban ríos a ambos lados, y por desgracia estábamos en campo abierto, por lo que tuvimos que aguantar el chaparrón. Obvio decir que llegamos absolutamente calados al hostal, pero bueno, pudo haber sido peor, nos podíamos haber ahogado.

Tras secarnos y cambiarnos de ropa ya nos quedamos mejor, seguía lloviendo, pero después de lo vivido nos parecía poca cosa, por lo que nos acercamos andando hasta el restaurante que habíamos ido el día anterior. Y así acabó nuestra primera visita en Sri Lanka, ya estábamos avisados de lo que era llover en esta región, no sería la última vez que veríamos el líquido elemento. Al día siguiente cogeríamos un autobús local hacia Polonnaruwa, otra ciudad budista el norte de Sri Lanka.

Index crónicas de Asia
Vólver a Asia
Ir a fotos de la crónica
Volver

Fecha: 18 de Marzo de 2007

Lugar: Teluk Bati - Malasia