![]() |
| |

¿Y por qué queríamos ir a Sahiwal? Muy buena pregunta, para responder hemos de remontarnos un mes en nuestra travesía, al día que conocimos en una gasolinera a Ferdi y Andrea, una entrañable pareja de alemanes. Ferdi es un hombre muy avispado y con muchas ideas, cuando ya se encontraban de regreso a casa, casi en Pakistán, se le ocurrió que podían instalar un depósito de gasoil adicional, seguramente les saldría muy barato y podrían ahorrar mucho dinero en la vuelta, por ejemplo rellenando los depósitos en Irán antes de entrar en Turquía. Según lo pensó lo llevó a cabo, para ello dio con un taller en Sahiwal, en el Punjab pakistaní, el taller del señor Munir. Nos explicó cómo le habían instalado dos depósitos de 45 litros cada uno debajo del chasis, ahora viajaba con una autonomía de 160 litros, él mismo le echó un ojo a nuestros bajos y nos dijo que a nosotros nos cabrían incluso tres depósitos como los que él tenía. Sin dudarlo apuntamos todos los datos del taller y nos medio olvidamos del tema por un tiempo.
Casi un mes después nos hallamos junto a la frontera con la firme idea de instalar nosotros también un par de depósitos de gasoil, no sólo para ahorrar dinero en algunos países sino para tener que preocuparnos menos de llenar el depósito, podríamos subir la autopista del Karakorum y regresar a Islamabad sin necesidad de repostar. Así fue como nos pusimos en marcha hacia el Punjab, y tras tres días de camino, tres pinchazos y una escolta de más de doce horas conseguimos llegar hasta el lugar.
Cuando llegamos a la ciudad nos dimos cuenta de la magnitud de la misma, el caos era tremendo, el ritmo de los vehículos y las personas en la calle frenético, se trataba de un importante núcleo urbano, de más de un millón de personas. Un joven al que preguntamos nos acompañó hasta el taller con la moto, ¡menos mal!, sin su ayuda nos habríamos vuelto locos entre la muchedumbre. Nada más entrar nos recibió Munir en persona, unos pocos minutos bastaron para que recordara a Ferdi y Andrea y nos acogiera como a unos viejos amigos, nos acomodamos en una sala con sofás, televisión y un gran ventilador y disfrutamos del té con leche y los refrescos, en esa misma habitación pasaríamos gran parte del tiempo que vivimos en Sahiwal. Ese día todo fueron invitaciones y presentaciones, éramos, como en tantas ocasiones nos había ocurrido, la atracción del lugar, pero estábamos a gusto.