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Me sentía animado y fuerte al volver al camping de Gazzi en Aliabad, la furgoneta no andaba fina pero al menos podíamos continuar viaje. Tal era mi entusiasmo que propuse a Silvia hacerme un viaje relámpago a Islamabad en busca de una cámara de fotos nueva, a ella no le pareció muy buena idea, ...."demasiado largo", me dijo, debí de haberla hecho caso.
Para añadir atractivo al asunto la noche anterior a mi viaje tuvimos una pequeña juerga con Mariano, John, Tony y Manzoor, que después tardaría mas de una hora en llevarnos de Karimabad a Aliabad (un recorrido de 6 Km), por lo que esa noche no descansé del todo.
El plan del viaje era el siguiente, coger el autobús a las 11 de la mañana, que llegaría a la estación de Rawalpindi a las 6 de la mañana del día siguiente, desde la estación irme en taxi hasta uno de los bazares en Islamabad, conseguir la cámara y volver el mismo día en el autobús de las 3 de la tarde, .......sencillo.
A las once estaba en mi asiento, en la parte delantera del autobús, junto a la ventana, no parecía muy incómodo y en un principio me dediqué a escuchar música disfrutando del paisaje. El conductor iba muy rápido, demasiado para mi gusto, pero el aire acondicionado hacia el viaje muy placentero hasta que empezaron a caer las horas como losas, por lo menos hacia bastantes paradas por el camino. Delante mío estaba una pareja de londinenses que venían de China y me puse a hablar con ellos, el chico estaba totalmente paranoico con el tema de la malaria, incluso estaba tomando el tratamiento en las áreas del norte e incluso en las áreas montañosas de China, yo le expliqué que a partir de 2000 metros de altura la malaria no existe, pero no me hizo ni caso. Ya entrada la noche, con una incomodidad y cansancio que iban in crescendo entramos en la región de Kohistan, si hasta ese momento me había resultado imposible dar una cabezada en Kohistan resultaría utópico hacerlo, en un momento del trayecto, mientras el conductor iba al mismo ritmo desenfrenado por Kohistan, un cristal lateral del autobús salto en mil pedazos, por fortuna no había nadie sentado ahí, una piedra había caído desde algún lugar, el conductor ni paro. Empecé a cansarme del aire acondicionado, que no podía quitarlo por supuesto, y la estridente música Punjabi no paraba ni un instante, comencé a sentir el infierno.
Llegamos a la dantesca estación de Pindi sobre las 6 y media de la mañana, en total habría dormido una hora máximo, pero no me encontraba tan agotado como pensaba, aunque mi cara no era la mejor, ni tampoco la de los londinenses. Compré el billete de vuelta y salí de la estación a coger un taxi, el panorama era muy triste, había mucha gente durmiendo tirada en la calles, con todas sus necesidades hechas encima, el olor era putrefacto y el calor empezaba a hacerse notar. Le dije al taxista que me llevara al Jinnah Market de Islamabad, me habían dicho que encontraría una buena tienda de fotografía, obviamente el taxista intentó engañarme, pero no me deje, al menos no me deje del todo. Cuando llegué me encontré con la primera contrariedad, el bazar estaba cerrado y no abría hasta las once de la mañana. Mientras pensaba que hacer, sentado en unos escalones, fumando un cigarro y bebiendo un zumo, un policía apareció en moto, me miro y..... bueno, se bajo y me pidió el pasaporte, me siguió mirando y me dijo que le acompañara, no tendría que tener muy buen aspecto, me llevó en moto hasta una tetería cercana a la comisaría y me dijo que le esperara para tomar un té, ni caso, en cuanto le vi que desaparecía me fuí de ahí a coger otro taxi, no tenía tiempo, ni ganas.
Me fuí de nuevo a Rawalpindi, a otro bazar, otros 6 Km en taxi y otro intento de engaño. Llegué a un bazar lleno de tiendas de fotografía, me alegre mucho pero al ir entrando en cada una de ellas me empecé a decepcionar, las cámaras que encontré eran antiguas, demasiado.