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A la hora de ir andando empezaron a aparecer piedras, había un gran lago formado por el deshielo del glaciar y la parte más ancha y sucia del mismo ya la teníamos muy cerca, aunque la parte limpia del glaciar, de un color blanco y brillante estaba aún muy lejana. Seguíamos conociendo a Mariano mientras avanzábamos, tenía muchas historias que contar sobre sus viajes por Nueva Zelanda, Australia, etc, no todas ellas bonitas, recuerdo como el día anterior, en nuestra velada en el Silk Route, estábamos hablando sobre la malaria, a mi se me ocurrió comentar que existe mucha paranoia sobre esta enfermedad y que en realidad no es tan fácil contraerla, que muchos viajeros habían estado años en países de riesgo y que no la habían cogido. Mariano giro la cabeza y me contestó...."yo casi muero de malaria", en uno de sus viajes a Senegal, a los tres meses de haber vuelto se empezó a sentir mal y nadie supo decirle lo que tenía, la cuestión es que con el paso del tiempo la enfermedad se extendió al cerebro y entró en coma, finalmente una amiga de su madre se le ocurrió decir un día..."igual es malaria", posiblemente ese comentario le salvó la vida, luego me enseño la tarjeta del doctor que le trató, no se separa de ella. Una historia espeluznante.

Caían piedras desde el glaciar, Silvia decidió darse media vuelta pero Mariano y yo nos decidimos a subir al glaciar, que se presentaba como una tremenda masa de hielo, barro y piedras. Una vez en lo alto me senté a hacer unas tomas con la cámara de video, que ahora también nos servía como cámara de fotos, tras nuestro accidente con la Canón, Mariano siguió andando hacia arriba, estaba dispuesto a llegar a un mirador desde donde poder sacar buenas fotos de la parte inicial del glaciar, pero parecía realmente lejos y así se lo dije, aunque no me hizo mucho caso. Desde mi asiento sobre una piedra, rodeado de hielo, observaba como iba avanzando sobre el glaciar, realmente llegó muy lejos, aunque no se si sacaría alguna buena foto, más tarde le costaría horrores salir de allí.
Comimos algo en el propio restaurante con vistas al glaciar, por primera vez probaría la sopa de albaricoque, el producto estrella de Hunza, de este fruto se hacen sopas, aceites, etc, las vistas del glaciar eran soberbias, con algunas de las montañas del rango de Batura tras de él. Luego llevamos a Mariano a que viera el Leopardo de las Nieves, más allá de Sost, para nosotros sería la segunda vez, antes pararíamos en Sost para tomar un Milk Tea. La idea de Mariano era pasar unas noches en el inhóspito valle de Chapursan, cerca de Sost, le dejamos en el puente que cogía el desvío hacia el valle, con sus dos enormes bastones de madera, andando con energía, quedaríamos en vernos unos días más tarde, aunque al final nos lo encontraríamos de nuevo por casualidad, en Karimabad.
Por nuestro lado volvimos al Silk Route, en la que sería nuestra última noche, que también nos traería agradables sorpresas. Al llegar nos encontrariamos reunidos a una serie de personas en una mesa, con una suculenta cena preparada, entre ellos estaba Manzoor, aquel que nos ayudara en Minapin con la furgoneta.