Fecha: 7 de agosto de 2006

Lugar: Risikesh - India

 

 

Recuerdo que tuvimos que esperar un par de horas hasta que el espectáculo empezó y fueron un infierno por el calor y la humedad, por fortuna habitualmente pasaba un local con botellas de agua mineral, que ese día tuvo un buen negocio con nosotros, al igual que una abanicador, que a cambio de unas rupias comenzaba a agitar con vigor su enorme abanico, convirtiéndose en una bendición. El espectáculo en si no fue muy llamativo, en el recinto entró un hombre de dos metros de altura, enorme, luciendo una melena negra rizada recién lavada, unos collares gigantes y un vestido blanco, se supone que era el cantante, a ambos lados tenía dos percusionistas que comenzaron a tocar, todo en un ritmo disonante que iba e iba creciendo en intensidad. La puerta estaba totalmente taponada por multitud de gente, no se podía ni entrar ni salir, incluso casi se produjeron un par de avalanchas, era una locura y la verdad es que yo me quería ir, pero aguantamos, hasta que al final decidimos salir de ahí como pudimos, junto con una turista canadiense, un poco pija. Tardamos cerca de media hora en alcanzar una calle principal donde poder coger un rickshaw, que por supuesto nos timo, al llegar al hostal estábamos derrotados.

A la mañana siguiente nos levantamos pronto para visitar el fuerte y la mezquita de Lahore, de nuevo vimos el caos de la ciudad a través del rickshaw y de nuevo quiso engañarnos. La entrada al fuerte, construido en ladrillo rojo, era de 200 rupias para extranjeros y 5 para locales, había que tragar, estaba construido sobre una colina y tenía unos jardines enormes aunque la mayoría de los edificios no se conservaban en muy buen estado, en la visita nos encontramos con un hombre mayor que estaba alojado en el hostal y que ese mismo día también pretendía entrar en India, el caso es que se había descolgado de su grupo, que viajaba en un enorme autobús desde Inglaterra, la cuestión es que le llevaríamos hasta la frontera, donde tendría la suerte de encontrarse con su grupo. Justo enfrente del fuerte estaba la enorme mezquita, de un estilo totalmente distinto a todas las que habíamos visto hasta ese momento, pero empezaba a hacer un calor horrible, con lo que hicimos una rápida visita con un simpático anciano que nos sirvií de guía y volvimos hacia el hostal, donde habíamos quedado con Nico y Roger para ir hacia la frontera juntos.

Esa tarde, una vez instalados en un hostal de la frontera, asistiríamos a la surrealista celebración del cierre de fronteras, en las que masas de gente de ambos países, agolpadas en gradas, entonan cánticos nacionalistas desde sus respectivos lados, mientras los soldados realizan ceremoniosos ejercicios hasta que finalmente se guardan las banderas, después de más de una hora, lo sorprendente es que la ceremonia se celebra los 365 días del año.

Al poco de volver al hostal llegaron los motoristas italianos, Bobo y Cesco, venían extasiados y por la noche Bobo se puso muy enfermo, con fiebre y diarrea, pese a todo vimos juntos el partido del mundial entre Italia y Ucrania. la mañana siguiente nos levantamos tempranos y tras gastarnos nuestras últimas rupias pakistanís emprendimos nuestra aventura en India, junto a Nico y Roger, ya que Bobo ese mismo día tendría que ir al hospital.

Y de este modo decíamos hasta luego a Pakistán, para comenzar nuestra aventura en India, un país que podría ser un continente.

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