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Emprendíamos nuestra última etapa en Pakistán, previo al paso a la India, dejábamos Islamabad, donde el calor había sido nuestro principal enemigo y nos dirigimos hacia Lahore, la ciudad más emblemática del país. Cogimos una autopista de tres carriles, más que aceptable y al entrar en la ciudad nos pusimos a buscar el hostal donde habíamos quedado con Nico y Roger, nuestros recientes compañeros de viaje. Nos encontramos con el ya habitual caos de estas ciudades, al cual aun no nos habíamos acostumbrado y al que no creo que nos pudiéramos acostumbrar nunca, pese a todo no nos costó encontrar el hostal, oculto en una callejuela, la Mercedes de Nico ya estaba aparcada cuando llegamos.
El hostal estaba repleto de extranjeros y cogimos un par de camas que en realidad estaban en un pasillo que comunicaba otras habitaciones, por lo demas era un lugar aceptable, con una terraza en el ático y con libre acceso a Internet. Esa noche pretendíamos ir a un espectáculo de música Sufi que se celebra todas las semanas, pero antes teníamos que llenar nuestro estomago, asi que, permitiéndonos un lujo, nos metimos en un Kentucky Fried Chicken que, curiosamente, en Pakistán es considerado un restaurante de lujo y frecuentado por las clases acomodadas de la ciudad.

Sobre las diez de la noche nos reunimos todos los extranjeros para asistir al evento, de repente llegaron 6 u 8 rickshaw y nos fueron cogiendo en parejas, todo estaba organizado por el hostal así que resulto bastante cómodo, el caso es que debido al caos de tráfico y a que algunos conductores no conocían el camino hubo un par de ellos que se perdieron. Pararon en una calle atestada de gente, vendedores de baratijas, comida, fruta, coches, en fin, lo de siempre en estas ciudades, con el añadido de un calor húmedo que se metía hasta los huesos. Tras subir unas escaleras nos metimos en una especie de templo al aire libre, en su interior no cabía un alfiler, estaba repleto de gente sentada en el suelo, apenas había aire, que además era anulado por el humo de incienso y el de hachis, que se fumaba compulsivamente en el lugar.
Teníamos un lugar reservado para nosotros, junto a unos escalones que iban a dar a un pequeño templo, ni que decir tiene que éramos la atracción del lugar.