No podíamos rechazar el ofrecimiento de Nawaz (un guía local alojado en el Silk Route) de llevarnos hasta el paso de Khunjerab, frontera física y política de China con Pakistán y también la frontera a mayor altura del mundo, 4.706 metros, aunque antes tenía que pedir permiso a su cliente, Belinda, una profesora australiana que llevaba cinco años preparando profesores en las ciudades de Gilgit y Chitral, en las Northern Areas. Para nosotros era una oportunidad única, de otro modo no podríamos ni habernos acercado y de haberlo hecho con un jeep y un guía nos hubiera costado 2.500 rupias. Finalmente quedamos para el día siguiente a las 8.30 en la sala de estar del hotel.

El jeep wills azul marino de Nawaz es una preciosidad, según nos contó lo modificó por completo el mismo, también es muy confortable aunque pronto nos daríamos cuenta de la dureza de hacer una excursión en jeep.

Salimos del Silk Route sobre las 9 de la mañana, durante los primeros kilómetros nuestro camino fue acompañado por el monte Tupopdan, una preciosa y aterradora de 6.101 metros que nunca ha podido ser escalada, aunque mucha gente lo haya intentado y algunos no hayan vuelto. Dejamos la región de Gojal para adentrarnos en Khunjerab, una de las zonas más recónditas e inaccesibles del norte de Pakistán y del mundo, seguíamos el camino de la antigua Ruta de la Seda. Al entrar en otro valle apareció enfrente nuestro otra descomunal montaña, posiblemente el Karun Kho, 7.164 metros, y a nuestra izquierda casi podíamos sentir el gélido aire del glaciar de Passu, que acaba a unos escasos cientos de metros de la KKH. Detrás de él, en una zona donde sólo los jeeps y los pastores van sabíamos que estaba el glaciar de Batura, uno de los más grandes de Pakistán, podíamos intuir algunas de las ocho cimas de más de siete mil metros que emergen junto al glaciar. Existe un duro trekking de cinco días para visitar la zona, nosotros habíamos pensado en hacerlo antes de tener los contratiempos con la furgoneta y con la cámara. Seguimos camino intentando divisar a los ibex, objetivo principal de la excursión para Belinda, hicimos una parada en Sost, la última población antes de emprender el camino hacia una región desolada, empezamos a ver camiones chinos, paramos en un pequeño hotel y tomamos un té, también establecimos contacto con Belinda, una mujer especial, muy seria. Tras comprar unas galletas continuamos camino, nos quedaban por delante unas tres horas hasta llegar al paso de Khunjerab.

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