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Muchas eran las cosas que queríamos hacer en Islamabad antes de cruzar por fin la frontera a la India, meca de viajeros, si no las hicimos todas al menos sí las más importantes. Sabíamos que nuestra estancia sería larga, de al menos diez días, en primer lugar solicitaríamos una extensión de nuestro visado, que caducaba al día siguiente de llegar a la ciudad, y una vez lo tuviéramos solicitaríamos el visado para la India que tardaría una semana.
El camping estaba desierto si lo comparamos con nuestra estancia en el mes de abril, un camión naranja enorme era el protagonista, en él viajaban unas 50 personas en su mayoría ingleses, también había un todoterreno suizo recién llegado y dos parejas alemanas con sus bicicletas. Nosotros escogimos un sitio más sombreado que la primera vez y nos acomodamos para pasar los siguientes días deseando que el monzón no se retrasase.
El trámite de la extensión del visado se alargó tres días, así que no pudimos solicitar el ansiado visado para la India hasta el martes 20 de junio, estarían listos el 27 por la tarde; en todo el mundo este visado dura seis meses y posee entradas y salidas múltiples, pero en la embajada en Pakistán no dan más de tres meses y una sola entrada, es decir, que si planeas estar más tiempo en el país o viajar a Nepal, Bangladesh o Sri Lanka, te verás obligado a solicitar un nuevo visado en uno de estos países.
Ya estábamos tranquilos, los visados estaban tramitándose, podríamos dedicarnos a preparar la actualización de la web, hacer algunos cambios en la furgo, llevarla al taller y, sobre todo, a seguir el mundial de fútbol... El primer día encontramos un internet con televisión donde nos ofrecieron ver los partidos, incluso los de las doce de la noche, se convirtió en nuestro segundo hogar en Islamabad.
Nuestra vida se tornó rutinaria esos días, el calor era tan sofocante que no daba lugar a grandes actividades, a primera hora dábamos una vuelta por el Abpara Market, hacíamos las compras necesarias y nos tomábamos un gran batido de mango o de plátano por 30 ó 40 rupias (medio euro), antes de que apretase mucho el calor regresábamos al camping donde dejábamos que las horas pasasen. Rafa solía disfrutar de una siesta pegajosa, tiempo que yo dedicaba a la web o a leer. Otros apasionantes entretenimientos eran fregar los cacharros o lavar y tender la ropa, el tedio nos iba ganando poco a poco.

