Varias han sido las razones que nos han llevado a disfrutar de unas 'vacaciones' en Hunza, en primer lugar la hospitalidad de sus gentes que en pocos días ya nos había brindado la oportunidad de emprender nuevas amistades de las que queríamos disfrutar, por otra parte este país, y sobre todo las Áreas del Norte, son territorio de todoterrenos, las posibilidades con un vehículo como el nuestro se reducen a la KKH y a la carretera que lleva a Baltistán, y nuestra furgo ya había sufrido las consecuencias de las malas carreteras.

Decidimos pues parar unos días en Karimabad, Manzoor nos convenció para ir allí en vez de al camping que ya conocíamos; aprovechamos la invitación que unos días antes nos había hecho Bashir y nos presentamos en su hostal el mismo día que abandonamos Gulmit. No queríamos abusar de su hospitalidad, sólo nos quedamos un par de noches, suficiente para descansar en unas buenas camas, ducharnos y lavar toda la ropa. La primera noche vivimos la esencia de los hombres hunzakuts de Karimabad, que, al igual que los de Gulmit, disfrutaban del Holy Water hasta convertir la velada en una conversación un tanto gangosa sobre política y demás temas aburridos; en esta ocasión serían más de quince los amigos de Bashir que habían invadido su jardín y su paz en el Garden Lodge. Cuando la mayoría de ellos ya casi no podía hablar hicieron presencia Tony, John y Manzoor, los dos pilotos y nuestro ya querido Mountain Tiger, el 'Tigre de la Montaña' y comenzamos a conocer a nuestros nuevos amigos parapentistas.

Manzoor resultó ser un personaje famoso, en nuestra primera visita a su casa nos mostró varias revistas españolas de viajes, en sus artículos sobre Pakistán se le mencionaba; había servido de chofer a varios escritores, entre ellos a Félix Roig (escritor catalán autor de varios libros de viajes y colaborador en muchas revistas del mismo género), con el que vivió una relación muy estrecha hace unos años. Nos explicó toda la historia, guardaba un recuerdo agridulce, lo habían pasado en grande viajando por todo el país, Félix al contratar sus servicios le había dicho que no tenía mucho dinero pero que si el libro que pretendía escribir salía adelante compartiría con él sus ganancias (o algo así), Manzoor le dijo que mientras fuera pagando el gasoil, la comida y los hostales le llevaría al fin del mundo. Y así fue, recorrieron todo el país a puertas del invierno, Manzoor no le tenía miedo a nada, y cruzó pasos de montaña con su jeep cuando ya hacía meses que estaban cerrados. Félix escribió un artículo en la revista Viajeros del Mundo que más que hablar de Pakistán hablaba de nuestro entrañable amigo, de su 'apasionada relación', en sus últimos párrafos hablaba de cómo la relación se había ido enfriando hasta acabar en un adiós sin despedida. El escritor escribió su libro pero, por supuesto, Manzoor no recibió nada a cambio, tan sólo rechazo, ya que supo del regreso de Félix a Pakistán, pero éste ni siquiera le contactó para saludarle.

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